El PDF muestra la tapa y contatapa del disco de Rodolfo Arizaga, que contó con la dirección de Teodoro Fuchs.
Noemí Souza, contralto. Jorge Caryevschi (flauta), Mónica Cosachov (clave), Antonio Cosentino (cello), Enzo Gieco (flauta), Roberto Lara (guitarra), Silvia Natiello (celesta), Martín Tow (clarinete), Tomás Tichauer (violín y viola).
Se transcribe el texto de la contratapa:
FAZ A:
MARTIRIO DE SANTA OLALLA cantata de cámara, para contralto, flauta, clarinete, violín, cello, celesta y clave.
Romance histórico de Federico García Lorca.
I Introducción
II Panorama de Mérida
a) Recitativo
b) Paisaje
c) Recitativo
III El martirio
a) Endecha
b) Pequeña Egloga
c) Recitativo
IV Infierno
V Gloria
FAZ B:
SONETOS DE LA PENA, para contralto, flauta, viola y guitarra. Esta obra fué escrita en 1957 y estrenada el 20 de octubre de 1958 en el Teatro Nacional Cervantes, de Buenos Aires.
Poemas de Miguel Hernández
I Fuera menos penado
II Yo sé que ver y oír
(Tiernamente) (Apasionado) (Con tristeza)
III Umbrío por la pena
CANTATAS HUMANAS, para voz grave y viola
Esta obra fué escrita en 1952 y revisada en 1961. Se estrenó el 16 de febrero de 1967 en el Festival de Música de Cámara de Villa Gesell, con Noemí Souza y Tomás Tichauer, quiénes también la interpretan en esta primera versión discográfica.
Poemas de León Felipe (I-III) y Francisco Villaespesa (II)
I Como aquella nube blanca
II Jaramago
III ¿Y la luna?
La cantata de cámara fue escrita entre los años 1950 y 1952. Se estrenó el 24 de abril de 1953, en el Teatro Ateneo de Buenos Aires, en el acto inaugural de la Asociación de Conciertos de Cámara, con la dirección de TEODORO FUCHS y la intervención como solista de la contralto SUSANA NAIDICH, La obra está dedicada a la señora CECILIA BENEDIT DE DEBENEDETTI y obtuvo en 1954 dos distinciones: el Premio Municipal de la ciudad de Buenos Aires y la Mención del Círculo de Críticos Musicales de Buenos Aires, "a la mejor obra de cámara de autor argentino estrenada durante la temporada 1953". En ocasión de su estreno el crítico LEOPOLDO HURTADO, del diario "La Prensa", anotó en el programa: "El propósito primordial del compositor ha sido respetar la letra y realzar "su contenido poético, emotivo. Puede decirse que lo ha logrado plenamente. El texto, recitado a la manera de los romances, con frecuente reiteración de la frase melódica, está respaldado por una instrumentación clara, limpia, de una transparencia de acuarela. Por lo general, emplea los instrumentos de a pares, buscando la superposición de timbres similares o sutiles efectos de color, como en el empleo simultáneo de clave y celesta. Con deliberada simplicidad, que no excluye la elegancia de la escritura, Arizaga envuelve la poesía de García Lorca, de un barroquismo castizo, con profusión de metáforas gongorinas, en una atmósfera cuyo españolismo proviene más del empleo de armonías modales, de vieja cepa hispana, que de una temática característica. Todo ello sitúa al texto en un ambiente de dulce patetismo, que le cuadra muy bien. En los interludios instrumentales, que alternan con el recitativo, el compositor emplea un armonía más moderna y a veces duramente disonante; pero esos pasajes figuran a manera de breves comentarios orquestales del drama que narra el texto. Música y palabra se unen así en una feliz unidad, logrando un efecto de honda emoción a la que ningún oyente ha de ser ajeno".
A raíz de su estreno la crítica especializada suscribió: "... es un trabajo espléndido. Por supuesto, tratándose de un compositor joven, la crítica se siente tentada de hablar de progresos, de madurez con respecto a producciones anteriores. Me parece que ésta es una obra hermosa, lograda y de valores genuinos, así estuviera compuesta por un artista de cuarenta o de setenta años. Una de sus mayores virtudes es la de no haberse dejado seducir por los aspectos exteriores del texto que comenta. Un músico con menos defensas pudo caer en la ilustración y sacrificar el sentido a la anécdota, El que ese peligro haya sido eludido y que a través de toda la obra se mantenga una severidad de tono casi monástico, lograda con un lenguaje cuya prestancia y actualidad no lo aparta de la evocación arcaica, cuya profundidad y solidez estén presentes de contínuo a través de un idioma de luminosa claridad, constituye un acierto que compromete la admiración".
JORGE D'URBANO (diario Crítica - 25/IV/1953)
"Son muchos los méritos que hacen digna a esta beIlísima cantata de figurar entre las más felices contribuciones de los últimos tiempos a nuestra música de cámara. Arizaga compuso para el poema de García Lorca una música que es a la vez rica por su contenido expresivo y por los valores que ostenta en punto a realización. El compositor fino y culto que hay en él ha soslayado el riesgo de caer en el efecto teatral que le ofrecía el texto melodramático realista del poeta español, al cual creó en cambio un clima de poética y piadosa emotividad, que no necesita de desbordes para convencer más".
ENZO VALENTI FERRO ("Buenos Aires Musical - No. 120-Mayo de 1953)
...Arizaga se presenta en esta obra llena de encantos como uno de los artistas de quién más puede esperarse en nuestro medio. Desde luego, supongo que su intención no se habrá limitado a lograr una composición que fuera simplemente encantadora. Lo digo, porque parece circular en estos tiempos una idea que, falazmente, pretende que todo aquello que produzca agrado inmediato, tiene que ser exterior, superficial, hipnótico. Inexplicablemente, entonces, El Martirio de Santa Olalla, inspirada en versos de Federico García Lorca, que tiene profundidad, que exhibe me- dios de gran firmeza, novedosos y por momentos originales; que no es descriptiva, que está escrita por una mano de empecinado detallista (no puede ser de otro modo) y que además muestra una sensibilidad artística de perfiles sumamente interesantes, es ante todo, una obra encantadora. ¿Sabe el lector, como sabe el oyente, lo que en un comienzo de temporada significa una obra que produzca felicidad? ¿Sabe que por este sólo hecho puede ser memorable?".
JORGE ARAOZ BADI - "Continente"- Mayo de 1953