Entre los discos de larga duración coleccionados por Daniel Eduardo Nápoli, existen los ejemplares que se conservan en esta Subserie. Los mismos, cuentan con obras del autor argentino.
En las áreas de materiales relacionados y notas, se encuentra un enlace a su Fondo de Archivo, y otro a un video donde se reseña su obra artística.
En esta Serie documental, se agrupan los ejemplares de discos de vinilo que fueran donados por Daniel Eduardo Nápoli, con interpretaciones de la obra musical de autores argentinos. Varios de ellos, son productores del acervo del Archivo de Biblioteca UNTREF, como Rodolfo Arizaga, Isabel Aretz o Alicia Terzián.
Se han creado Subseries con los ejemplares de cada autor.
En uno de los registros (000272), se menciona que buena parte de las obras argentinas reunidas en este espacio revelan un parentesco o "aire de familia". La formación francesa de tantos de estos creadores y el ejemplo del maestro Alberto Williams, propulsor de nuestro nacionalismo musical, generan un clima estético que respiran casi todos ellos en la época de concepción de sus obras.
El PDF muestra las imágenes de la tapa y contratapa de un disco de larga duración interpretado por el pianista Jorge Zulueta.
Los temas y los compositores son:
LADO A:
JULIAN AGUIRRE
Huella Op. 49
Aires Nacionales Argentinos
Tristes No 3 y 4
Gato
LOPEZ BUCHARDO
Nocturno (1934)
Bailecito (1924)
Campera (al estilo popular) (1920)
LADO B:
JOSE MARIA CASTRO
Sonata (1931)
1 Preludio
2 Arietta con Variazioni
3 Finale
JUAN CARLOS PAZ
3 Sonatina Op. 25 (1933)
1 Allegro moderato
2 Andante sin expresión
3 Allegro moderato
RODOLFO ARIZAGA
Variaciones Breves Op. 25 (1960)
sobre un tema de Paul Hindemith
El texto que brinda el ejemplar, se transcrbe: “JACOBO ROMANO Al iniciarse el año 1910, el incipiente movimiento artístico de Buenos Aires comenzaba a ser perturbado por una acción de fuerzas en constante reelaboración, cuyos contrastes provocaran la gestación de dos corrientes estéticas significativas: nacionalista y universalista. La primera, consecuente con las estructuras que unificaban los elementos folklóricos basados en los tradi- cionales procedimientos de composición europeos, se caracterizaba por el empleo de ritmos y melodías populares. Pulsados por estos acontecimientos se desarrollaron los dos creadores de mayor trascendencia, dentro de esta tendencia musical: Julián Aguirre y Carlos López Buchardo.
El esporádico pero decisivo paso por el Conservatorio Real de Madrid constituyó para Julián Aguirre su primer contacto con el llamado arte nacionalista, propagado por Isaac Albéniz y Felipe Pedrell. Alli tiene oportunidad de absorber un material manifestado en un momento esencialmente crítico, dentro de la revolución sonora de Occidente.
Estudia armonía y composición. Un tipo de armonía y composición muy accesible y realista. Alejado de las abstracciones wagnerianas que comenzaban a llegar a España, asimila un repertorio eminentemente ortodoxo que su maestro Emilio Arrieta, el conocido autor de "Marina", le otorgara con sabiduría e independencia.
Así regresa a su patria, maduro de tradición multisecular, generado por una depurada técnica y purificado de teorías exóticas e internacionalistas. Buenos Aires vive la aparición de dos figuras literarias: José Hernández y Estanislao del Campo, preocupados por el florecimiento de la poesía lírica y épica argentina. Inauguraban el período, revitalizando una sensibilidad cuyas cadencias respiraban los sentimentales ambientes porteños. Delineando ya desde entonces, un sentir que llegaríamos a calificar como "criollo".
Julián Aguirre ingresa en este panorama aportando su refinado estilo. Gestando pequeños trozos musicales sin arrebatos ni efectismos. Podemos percibir en sus trabajos, muy especialmente, esa combinación de un orden formal absolutamente clásico y el intrinseco romanticismo bonaerense. Su producción, desde un punto de vista formal y técnico, no sufre ninguna metamorfosis. Ninguna transformación estética o estilística. No ofrece períodos de ascensión. Es un arte estático en su sentir y en su técnica.
La obra para piano de Julián Aguirre no es numerosa. La misma es digna representante de un arte que podríamos calificar
como exponente de esa poemática ya mencionada denominada un poco subjetivamente "criolla". Un arte independiente de toda presión ideológica. Lo apreciamos en las composiciones que integran esta placa: Huella, Triste No 3 y 4 y Gato, escritas a partir de 1900 y editadas por el autor sin un orden cronológico.
Carlos López Buchardo por su parte, fué un creador que se sirvió más objetivamente del caudal popular. Lo concretó al gestar una serie de composiciones basadas en un proceso riguroso y consecuente del material folklórico. Quizás resulte obvio aclarar que la tendencia de que hablamos guarda relación con la elaborada proximidad de los elementos que el folklore brinda al compositor. Y el camino que López Buchardo intenta no cuestionaba la imitación o copia directa de los modelos populares, sino la minuciosa exploración de su esencia. El mismo López Buchardo lo confirma cuando dice: "He buscado mi inspiración en el folklore, sin ser propiamente un folklorista. La mayoría, cuando se sirve de los temas populares, los traslada textualmente, armonizándolos o combinándolos. Yo no he querido hacer eso. En mis canciones populares, he buscado en el folklore el sentimiento, el carácter, la esencia motívica nuestra, para crear luego melodías personales, desarrolladas también de acuerdo a mi estilo".
En 1934, Carlos López Buchardo escribe sus "Comentarios Musicales" para la versión homónima de Romeo y Julieta, de William Shakespeare. Del primero de los cuatro números que la integran, titulado Nocturno, escritos para conjunto instrumental, se ha realizado la presente transcripción para piano. También la última de las "Seis Canciones Argentinas al estilo popular", titulada Jujeña, ha servido de material original de su conocido "Bailecito", pieza para piano cuyo comienzo en base al ritmo mencionado, el autor le acopla un elemento melódico y una estructura armónica elegante y fluida, dentro de una gran economía de medios.
El poema sinfónico "Escenas Argentinas" fué estrenado el 18 de septiembre de 1920 en el Teatro Coliseo, con la dirección de Félix Weingartner. El primero de los tres números que las componen titulado "Campera", se halla estructurado en base a un ritmo cadencioso unido a un aire de "Triste", al estilo popular pampeano. Según el autor: "una poética evocación de las alegrías de las fiestas camperas y de los dolores pasados, que dispersó a los habitantes de un rancho transformado en "tapera" por la desolación y el hado adverso".
La segunda de las corrientes mencionadas, universalista, respondía a orientaciones sugeridas por los imperativos extra nacionales de la época. Tal como fueron aportados por el nuevo siglo y escapando a las limitaciones geográficas. Dentro de esta disposición, José María Castro cultivó su lenguaje sonoro muy auténticamente, aunque alejado de cánones vanguardistas. Dicha expresión lo encaminó hacia una tendencia armónica condensada, casi rigurosa y a participar de una actitud neoclásica, en la cual se agrupaba en ese entonces como integrante del Grupo Renovación, el compositor Juan Carlos Paz.
Su material creativo se servía además, de ciertas estructuras politonales que guardaban más relación con la línea propagada en ese período por Igor Strawinsky, que con la de algunos componentes del Grupo de "Los Seis".
La Sonata para Piano es un fiel exponente de este período, cuya gravitación dentro de la producción musical de la década de 1930, constituye un aporte valioso y objetivo. De sus tres movimientos se desprenden ideas musicales transparentes, cuyas características están dadas por una ininterrumpida línea de figuraciones, de igual valor de duración y por una estática indicación de los movimientos, que se mantienen sin modificaciones desde el comienzo hasta el final. Esta observación agógica se ve com- plementada ex profeso por una dinámica despojada de color, que otorga a la obra su particular sentido de expresión.
En la misma década, Juan Carlos Paz escribe sus 3 Sonatinas. La primera para flauta y clarinete (1931). La segunda para clarinete y piano (1932) y la registrada en esta grabación, originalmente escrita para oboe y fagot (1933), transcripta con posterioridad en esta versión para piano.
En oposición al estatismo dinámico de la Sonata de José Maria Castro, Paz subraya no sólo cada frase, tema o inciso sino cada nota con una dinámica y una acentuación-articulación rigurosa-
mente detallada. Esta sucesión de ideas musicales se ve delimitada por continuos cambios de compases que otorgan a la pieza una estructura sonora angulosa.
Es perceptible a través del particular tratamiento del piano, el pensamiento original del autor al escribirla para los instrumentos mencionados. Lo apreciamos en la ausencia total de una escritura vertical, ningún acorde en toda la obra, y en un rasgo melódico que fluctúa entre dos líneas paralelas.
Resulta importante destacar la atracción ejercida por el neo- clasicismo sobre compositores pertenecientes a distintos períodos, y las posibilidades que la misma canalizara en sus respectivas evoluciones.
Treinta años más tarde, Rodolfo Arizaga aporta, a su variada producción que incluye: trabajos sinfónicos, música de cámara, una ópera, música instrumental, vocal y para películas, sus variaciones Op. 25. El tema fué extraído de la Tercera sonata para piano de Paul Hindemith.
La idea original es conducida a través de 13 variaciones de distintos ámbitos sonoros: expresivo, misterioso, simple, alegre, dados por un brillante juego armónico politonal.
Las Variaciones 7, 8 y 9 presentan tres interesantes tratamientos contrapuntísticos: cánon a la octava, cánon a la décima y un "cancrizans" (sistema espejo) cuyas octavas primera y última convergen paulatinamente hasta la mitad del compás 9.
La escritura de esta composición revela el eficaz empleo de los recursos del instrumento, que en ningún momento sobrepasa una línea de mesura, apuntalada en un agudo pensamiento musical.
JORGE ZULUETA
Ganador por unanimidad del premio Kranichstainer en el Concurso Internacional de Música Moderna de la ciudad de Darmstadt (Alemania) en 1956, Jorge Zulueta ha desarrollado desde entonces una labor de sorprendentes méritos. Intérprete destacado de la música nueva, ha difundido las obras más representativas de nuestra época en los principales centros artísticos europeos y americanos.
Participó en los Festivales Internacionales de Ma- drid, Colonia, Frankfurt, Darmstadt, Berlín y Washington, ofreciendo los estrenos de los conciertos para piano y orquesta de Dietrich Schoenbach, André Casanova, Juan Carlos Paz, Mauricio Kagel, Hans Werner Henze.
En 1961 invitado por el Servicio Cultural de los Estados Unidos, ofreció una tournée en Alemania, dando a conocer numerosas obras de compositores argentinos y norteamericanos.
Jorge Zulueta ha grabado varios discos dedicados a autores contemporáneos, entre los que merecen destacarse la obra completa para piano de Arnold Schoenberg y de Claude Debussy (con los auspicios del Instituto Di Tella). También composiciones de Alberto Ginastera, Astor Piazzolla, Mauricio Kagel, Juan Carlos. Paz, Rodolfo Arizaga, Francisco Kroepfl, Mariano Etkin, Juan José Castro.
Anualmente realiza giras por Europa y América. Numerosas presentaciones en Argentina y el extranjero han sido organizadas por el Servicio Cultural de los Estados Unidos y de Alemania. ”
El PDF muestra las imágenes de la tapa y contratapa de un disco de larga duración interpretado por el pianista Jorge Zulueta.
Los temas y los compositores son:
LADO A:
JULIAN AGUIRRE
Huella Op. 49
Aires Nacionales Argentinos
Tristes No 3 y 4
Gato
LOPEZ BUCHARDO
Nocturno (1934)
Bailecito (1924)
Campera (al estilo popular) (1920)
LADO B:
JOSE MARIA CASTRO
Sonata (1931)
1 Preludio
2 Arietta con Variazioni
3 Finale
JUAN CARLOS PAZ
3 Sonatina Op. 25 (1933)
1 Allegro moderato
2 Andante sin expresión
3 Allegro moderato
RODOLFO ARIZAGA
Variaciones Breves Op. 25 (1960)
sobre un tema de Paul Hindemith
El texto que brinda el ejemplar, se transcrbe: “JACOBO ROMANO Al iniciarse el año 1910, el incipiente movimiento artístico de Buenos Aires comenzaba a ser perturbado por una acción de fuerzas en constante reelaboración, cuyos contrastes provocaran la gestación de dos corrientes estéticas significativas: nacionalista y universalista. La primera, consecuente con las estructuras que unificaban los elementos folklóricos basados en los tradi- cionales procedimientos de composición europeos, se caracterizaba por el empleo de ritmos y melodías populares. Pulsados por estos acontecimientos se desarrollaron los dos creadores de mayor trascendencia, dentro de esta tendencia musical: Julián Aguirre y Carlos López Buchardo.
El esporádico pero decisivo paso por el Conservatorio Real de Madrid constituyó para Julián Aguirre su primer contacto con el llamado arte nacionalista, propagado por Isaac Albéniz y Felipe Pedrell. Alli tiene oportunidad de absorber un material manifestado en un momento esencialmente crítico, dentro de la revolución sonora de Occidente.
Estudia armonía y composición. Un tipo de armonía y composición muy accesible y realista. Alejado de las abstracciones wagnerianas que comenzaban a llegar a España, asimila un repertorio eminentemente ortodoxo que su maestro Emilio Arrieta, el conocido autor de "Marina", le otorgara con sabiduría e independencia.
Así regresa a su patria, maduro de tradición multisecular, generado por una depurada técnica y purificado de teorías exóticas e internacionalistas. Buenos Aires vive la aparición de dos figuras literarias: José Hernández y Estanislao del Campo, preocupados por el florecimiento de la poesía lírica y épica argentina. Inauguraban el período, revitalizando una sensibilidad cuyas cadencias respiraban los sentimentales ambientes porteños. Delineando ya desde entonces, un sentir que llegaríamos a calificar como "criollo".
Julián Aguirre ingresa en este panorama aportando su refinado estilo. Gestando pequeños trozos musicales sin arrebatos ni efectismos. Podemos percibir en sus trabajos, muy especialmente, esa combinación de un orden formal absolutamente clásico y el intrinseco romanticismo bonaerense. Su producción, desde un punto de vista formal y técnico, no sufre ninguna metamorfosis. Ninguna transformación estética o estilística. No ofrece períodos de ascensión. Es un arte estático en su sentir y en su técnica.
La obra para piano de Julián Aguirre no es numerosa. La misma es digna representante de un arte que podríamos calificar
como exponente de esa poemática ya mencionada denominada un poco subjetivamente "criolla". Un arte independiente de toda presión ideológica. Lo apreciamos en las composiciones que integran esta placa: Huella, Triste No 3 y 4 y Gato, escritas a partir de 1900 y editadas por el autor sin un orden cronológico.
Carlos López Buchardo por su parte, fué un creador que se sirvió más objetivamente del caudal popular. Lo concretó al gestar una serie de composiciones basadas en un proceso riguroso y consecuente del material folklórico. Quizás resulte obvio aclarar que la tendencia de que hablamos guarda relación con la elaborada proximidad de los elementos que el folklore brinda al compositor. Y el camino que López Buchardo intenta no cuestionaba la imitación o copia directa de los modelos populares, sino la minuciosa exploración de su esencia. El mismo López Buchardo lo confirma cuando dice: "He buscado mi inspiración en el folklore, sin ser propiamente un folklorista. La mayoría, cuando se sirve de los temas populares, los traslada textualmente, armonizándolos o combinándolos. Yo no he querido hacer eso. En mis canciones populares, he buscado en el folklore el sentimiento, el carácter, la esencia motívica nuestra, para crear luego melodías personales, desarrolladas también de acuerdo a mi estilo".
En 1934, Carlos López Buchardo escribe sus "Comentarios Musicales" para la versión homónima de Romeo y Julieta, de William Shakespeare. Del primero de los cuatro números que la integran, titulado Nocturno, escritos para conjunto instrumental, se ha realizado la presente transcripción para piano. También la última de las "Seis Canciones Argentinas al estilo popular", titulada Jujeña, ha servido de material original de su conocido "Bailecito", pieza para piano cuyo comienzo en base al ritmo mencionado, el autor le acopla un elemento melódico y una estructura armónica elegante y fluida, dentro de una gran economía de medios.
El poema sinfónico "Escenas Argentinas" fué estrenado el 18 de septiembre de 1920 en el Teatro Coliseo, con la dirección de Félix Weingartner. El primero de los tres números que las componen titulado "Campera", se halla estructurado en base a un ritmo cadencioso unido a un aire de "Triste", al estilo popular pampeano. Según el autor: "una poética evocación de las alegrías de las fiestas camperas y de los dolores pasados, que dispersó a los habitantes de un rancho transformado en "tapera" por la desolación y el hado adverso".
La segunda de las corrientes mencionadas, universalista, respondía a orientaciones sugeridas por los imperativos extra nacionales de la época. Tal como fueron aportados por el nuevo siglo y escapando a las limitaciones geográficas. Dentro de esta disposición, José María Castro cultivó su lenguaje sonoro muy auténticamente, aunque alejado de cánones vanguardistas. Dicha expresión lo encaminó hacia una tendencia armónica condensada, casi rigurosa y a participar de una actitud neoclásica, en la cual se agrupaba en ese entonces como integrante del Grupo Renovación, el compositor Juan Carlos Paz.
Su material creativo se servía además, de ciertas estructuras politonales que guardaban más relación con la línea propagada en ese período por Igor Strawinsky, que con la de algunos componentes del Grupo de "Los Seis".
La Sonata para Piano es un fiel exponente de este período, cuya gravitación dentro de la producción musical de la década de 1930, constituye un aporte valioso y objetivo. De sus tres movimientos se desprenden ideas musicales transparentes, cuyas características están dadas por una ininterrumpida línea de figuraciones, de igual valor de duración y por una estática indicación de los movimientos, que se mantienen sin modificaciones desde el comienzo hasta el final. Esta observación agógica se ve com- plementada ex profeso por una dinámica despojada de color, que otorga a la obra su particular sentido de expresión.
En la misma década, Juan Carlos Paz escribe sus 3 Sonatinas. La primera para flauta y clarinete (1931). La segunda para clarinete y piano (1932) y la registrada en esta grabación, originalmente escrita para oboe y fagot (1933), transcripta con posterioridad en esta versión para piano.
En oposición al estatismo dinámico de la Sonata de José Maria Castro, Paz subraya no sólo cada frase, tema o inciso sino cada nota con una dinámica y una acentuación-articulación rigurosa-
mente detallada. Esta sucesión de ideas musicales se ve delimitada por continuos cambios de compases que otorgan a la pieza una estructura sonora angulosa.
Es perceptible a través del particular tratamiento del piano, el pensamiento original del autor al escribirla para los instrumentos mencionados. Lo apreciamos en la ausencia total de una escritura vertical, ningún acorde en toda la obra, y en un rasgo melódico que fluctúa entre dos líneas paralelas.
Resulta importante destacar la atracción ejercida por el neo- clasicismo sobre compositores pertenecientes a distintos períodos, y las posibilidades que la misma canalizara en sus respectivas evoluciones.
Treinta años más tarde, Rodolfo Arizaga aporta, a su variada producción que incluye: trabajos sinfónicos, música de cámara, una ópera, música instrumental, vocal y para películas, sus variaciones Op. 25. El tema fué extraído de la Tercera sonata para piano de Paul Hindemith.
La idea original es conducida a través de 13 variaciones de distintos ámbitos sonoros: expresivo, misterioso, simple, alegre, dados por un brillante juego armónico politonal.
Las Variaciones 7, 8 y 9 presentan tres interesantes tratamientos contrapuntísticos: cánon a la octava, cánon a la décima y un "cancrizans" (sistema espejo) cuyas octavas primera y última convergen paulatinamente hasta la mitad del compás 9.
La escritura de esta composición revela el eficaz empleo de los recursos del instrumento, que en ningún momento sobrepasa una línea de mesura, apuntalada en un agudo pensamiento musical.
JORGE ZULUETA
Ganador por unanimidad del premio Kranichstainer en el Concurso Internacional de Música Moderna de la ciudad de Darmstadt (Alemania) en 1956, Jorge Zulueta ha desarrollado desde entonces una labor de sorprendentes méritos. Intérprete destacado de la música nueva, ha difundido las obras más representativas de nuestra época en los principales centros artísticos europeos y americanos.
Participó en los Festivales Internacionales de Ma- drid, Colonia, Frankfurt, Darmstadt, Berlín y Washington, ofreciendo los estrenos de los conciertos para piano y orquesta de Dietrich Schoenbach, André Casanova, Juan Carlos Paz, Mauricio Kagel, Hans Werner Henze.
En 1961 invitado por el Servicio Cultural de los Estados Unidos, ofreció una tournée en Alemania, dando a conocer numerosas obras de compositores argentinos y norteamericanos.
Jorge Zulueta ha grabado varios discos dedicados a autores contemporáneos, entre los que merecen destacarse la obra completa para piano de Arnold Schoenberg y de Claude Debussy (con los auspicios del Instituto Di Tella). También composiciones de Alberto Ginastera, Astor Piazzolla, Mauricio Kagel, Juan Carlos. Paz, Rodolfo Arizaga, Francisco Kroepfl, Mariano Etkin, Juan José Castro.
Anualmente realiza giras por Europa y América. Numerosas presentaciones en Argentina y el extranjero han sido organizadas por el Servicio Cultural de los Estados Unidos y de Alemania. ”
El PDF muestra la tapa y contatapa del disco de Rodolfo Arizaga, que contó con la dirección de Teodoro Fuchs.
Noemí Souza, contralto. Jorge Caryevschi (flauta), Mónica Cosachov (clave), Antonio Cosentino (cello), Enzo Gieco (flauta), Roberto Lara (guitarra), Silvia Natiello (celesta), Martín Tow (clarinete), Tomás Tichauer (violín y viola).
Se transcribe el texto de la contratapa:
FAZ A:
MARTIRIO DE SANTA OLALLA cantata de cámara, para contralto, flauta, clarinete, violín, cello, celesta y clave.
Romance histórico de Federico García Lorca.
I Introducción
II Panorama de Mérida
a) Recitativo
b) Paisaje
c) Recitativo
III El martirio
a) Endecha
b) Pequeña Egloga
c) Recitativo
IV Infierno
V Gloria
FAZ B:
SONETOS DE LA PENA, para contralto, flauta, viola y guitarra. Esta obra fué escrita en 1957 y estrenada el 20 de octubre de 1958 en el Teatro Nacional Cervantes, de Buenos Aires.
Poemas de Miguel Hernández
I Fuera menos penado
II Yo sé que ver y oír
(Tiernamente) (Apasionado) (Con tristeza)
III Umbrío por la pena
CANTATAS HUMANAS, para voz grave y viola
Esta obra fué escrita en 1952 y revisada en 1961. Se estrenó el 16 de febrero de 1967 en el Festival de Música de Cámara de Villa Gesell, con Noemí Souza y Tomás Tichauer, quiénes también la interpretan en esta primera versión discográfica.
Poemas de León Felipe (I-III) y Francisco Villaespesa (II)
I Como aquella nube blanca
II Jaramago
III ¿Y la luna?
La cantata de cámara fue escrita entre los años 1950 y 1952. Se estrenó el 24 de abril de 1953, en el Teatro Ateneo de Buenos Aires, en el acto inaugural de la Asociación de Conciertos de Cámara, con la dirección de TEODORO FUCHS y la intervención como solista de la contralto SUSANA NAIDICH, La obra está dedicada a la señora CECILIA BENEDIT DE DEBENEDETTI y obtuvo en 1954 dos distinciones: el Premio Municipal de la ciudad de Buenos Aires y la Mención del Círculo de Críticos Musicales de Buenos Aires, "a la mejor obra de cámara de autor argentino estrenada durante la temporada 1953". En ocasión de su estreno el crítico LEOPOLDO HURTADO, del diario "La Prensa", anotó en el programa: "El propósito primordial del compositor ha sido respetar la letra y realzar "su contenido poético, emotivo. Puede decirse que lo ha logrado plenamente. El texto, recitado a la manera de los romances, con frecuente reiteración de la frase melódica, está respaldado por una instrumentación clara, limpia, de una transparencia de acuarela. Por lo general, emplea los instrumentos de a pares, buscando la superposición de timbres similares o sutiles efectos de color, como en el empleo simultáneo de clave y celesta. Con deliberada simplicidad, que no excluye la elegancia de la escritura, Arizaga envuelve la poesía de García Lorca, de un barroquismo castizo, con profusión de metáforas gongorinas, en una atmósfera cuyo españolismo proviene más del empleo de armonías modales, de vieja cepa hispana, que de una temática característica. Todo ello sitúa al texto en un ambiente de dulce patetismo, que le cuadra muy bien. En los interludios instrumentales, que alternan con el recitativo, el compositor emplea un armonía más moderna y a veces duramente disonante; pero esos pasajes figuran a manera de breves comentarios orquestales del drama que narra el texto. Música y palabra se unen así en una feliz unidad, logrando un efecto de honda emoción a la que ningún oyente ha de ser ajeno".
A raíz de su estreno la crítica especializada suscribió: "... es un trabajo espléndido. Por supuesto, tratándose de un compositor joven, la crítica se siente tentada de hablar de progresos, de madurez con respecto a producciones anteriores. Me parece que ésta es una obra hermosa, lograda y de valores genuinos, así estuviera compuesta por un artista de cuarenta o de setenta años. Una de sus mayores virtudes es la de no haberse dejado seducir por los aspectos exteriores del texto que comenta. Un músico con menos defensas pudo caer en la ilustración y sacrificar el sentido a la anécdota, El que ese peligro haya sido eludido y que a través de toda la obra se mantenga una severidad de tono casi monástico, lograda con un lenguaje cuya prestancia y actualidad no lo aparta de la evocación arcaica, cuya profundidad y solidez estén presentes de contínuo a través de un idioma de luminosa claridad, constituye un acierto que compromete la admiración".
JORGE D'URBANO (diario Crítica - 25/IV/1953)
"Son muchos los méritos que hacen digna a esta beIlísima cantata de figurar entre las más felices contribuciones de los últimos tiempos a nuestra música de cámara. Arizaga compuso para el poema de García Lorca una música que es a la vez rica por su contenido expresivo y por los valores que ostenta en punto a realización. El compositor fino y culto que hay en él ha soslayado el riesgo de caer en el efecto teatral que le ofrecía el texto melodramático realista del poeta español, al cual creó en cambio un clima de poética y piadosa emotividad, que no necesita de desbordes para convencer más".
ENZO VALENTI FERRO ("Buenos Aires Musical - No. 120-Mayo de 1953)
...Arizaga se presenta en esta obra llena de encantos como uno de los artistas de quién más puede esperarse en nuestro medio. Desde luego, supongo que su intención no se habrá limitado a lograr una composición que fuera simplemente encantadora. Lo digo, porque parece circular en estos tiempos una idea que, falazmente, pretende que todo aquello que produzca agrado inmediato, tiene que ser exterior, superficial, hipnótico. Inexplicablemente, entonces, El Martirio de Santa Olalla, inspirada en versos de Federico García Lorca, que tiene profundidad, que exhibe me- dios de gran firmeza, novedosos y por momentos originales; que no es descriptiva, que está escrita por una mano de empecinado detallista (no puede ser de otro modo) y que además muestra una sensibilidad artística de perfiles sumamente interesantes, es ante todo, una obra encantadora. ¿Sabe el lector, como sabe el oyente, lo que en un comienzo de temporada significa una obra que produzca felicidad? ¿Sabe que por este sólo hecho puede ser memorable?".
JORGE ARAOZ BADI - "Continente"- Mayo de 1953
El PDF muestra las imágenes de la tapa y contratapa de un disco de larga duración interpretado por:
ADELMA EVA GOMEZ, órgano
HECTOR RUBIO, piano
FAZ A
SILVANO PICCHI: "Cinco trozos para órgano"
RODOLFO ARIZAGA: "Diferencias del tercer tiento"
FAZ B
LUIS ZUBILLAGA: "Ambientes"
CESAR FRANCHISENA: "Visiones siderales"
Napoleón Cabrera, realiza una reseña biográfica de los autores e intérpretes:
ADELMA EVA GOMEZ, porteña, luego de egresar en el más alto rango de su promoción (1954) del Con-servatorio Municipal Manuel de Falla, intensificó sus estudios organísticos con Julio Perceval en la escuela del teatro Colón y luego con Héctor Zeoli. Entretanto, realizaba con Teodoro Fuchs estudios de armonía, contrapunto, fuga e instrumentación. Luego de haber sido organista de la iglesia de San Rafael, lo es actualmente de la basílica de Nuestra Señora del Rosario y del Colegio de la Asunción. Ha ofrecido numerosos recitales y colaborado en conciertos dirigidos, entre otros, por Pedro Valenti Costa, Teodoro Fuchs, Mariano Drago y Pedro Ignacio Calderón.
HECTOR RUBIO llevó a cabo sus estudios de piano en la provincia de Córdoba, en donde nació. Egresó en Composición de la Escuela de Artes de la U.N.C. y cursó las Licenciaturas de Letras Clásicas y Filosofía. Actualmente se desempeña como profesor titular de Historia de la Música en la Escuela de Artes. Aparte de su labor docente ha dado conferencias y recitales de piano con primeras audiciones de compositores argentinos como Juan Carlos Paz, César Franchisena, Jacobo Ficher y otros.
La formación técnica de RODOLFO ARIZAGA (sin duda alguna un músico de raza) no ofrece debilidades, pero lo más valioso de su personalidad de compositor es la certeza que siempre ha dado de que sabía a dónde se dirigía. Si recurrió a la inspiración de capa hispánica o a las formas tradicionales no fue para aprovechar sendas ya abiertas, sino para hallar raíces. Parecido sólo a sí mismo y con un espíritu de acentuada autocrítica, Arizaga ha elaborado una producción de alta calidad, más armoniosa que maciza, dotada de gran vitalidad y de un anticerebralismo natural, no deliberado. En los últimos años su lenguaje ha intensificado su filiación moderna sin torturar procedimientos ni temas. Lo muestran claramente las "Diferencias del tercer tiento", compuestas en 1966, que en su severa estructura representan al Arizaga de siempre, alejado por igual de la improvisación aventurada y de la sequedad escolástica.
Una vocación musical insobornable, que ha triunfado sobre múltiples vicisitudes, es la de SILVANO PICCHI. Compositor y crítico musical, como Arizaga, y perteneciente a la misma generación. Picchi nació en Pisa, Italia, pero desde los tres años de edad vive en nuestro país, del que es ciudadano y donde cursó en la adolescencia sus primeros estudios musicales. Como compositor se considera autodidacta y sus obras exhiben una formación completa en lo técnico y una orientación estética enteramente personal. Más de treinta obras, de diversa naturaleza, se escalonan a lo largo de veinte años de labor. La mayor parte son de cámara (una docena para voz e instrumentos, varias para piano) y las más ambiciosas o complejas son "Ruth" (una cantata inédita) y dos conciertos, uno para violín (primer premio del certamen de obras musicales inéditas para 1966 organizado por el Fondo Nacional de las Artes) y el otro para piano. Este último, así como varias obras (una de ellas la de este disco), fue estrenado en el curso de la temporada 1967, que ha contribuido más que las anteriores a revelar al público argentino la presencia actual de un talento original y valioso. Las "Cinco piezas", para órgano, compuestas en 1963, estrenadas en audición radiofónica (junio 1966) por Armando Fernández Arroyo y en concierto público (abril 1967) por el mismo intérprete de esta placa, procuran conciliar la libre expresividad del canto gregoriano con el lenguaje armónico y las estructuras provenientes del método dodecafónico. Su significado puede aceptar la idea que enfrenta al hombre de hoy con la realidad que lo rodea. Aparentemente desvinculadas entre sí, su progresión las unifica en un intento expresivo plenamente logrado.
LUIS ZUBILLAGA, nacido en Buenos Aires en 1928, es uno de los buceadores que procuran conquistar para la música zonas aún poco o nada transitadas, persuadido de que es preferible ser fiel a un arduo objetivo que se ha elegido a obtener el éxito que eligen los demás. Aparte de piano y trompeta, estudió composición con Juan Carlos Paz y cumplió una intensa labor pedagógica y de divulgación escrita en Caracas (Venezuela) y en nuestro Tucumán, cuya Universidad Nacional lo cuenta actualmente entre sus profesores. Autor de música para varias películas cinematográficas y de obras para diversas combinaciones instrumentales algunas de carácter experimental, "Ambientes" es la más reciente de las que compuso para piano (1967).
CESAR FRANCHISENA (1922) ha desarrollado una amplia labor como pedagogo en la Universidad Nacional de Córdoba y como creador ha sido uno de los pioneros en el campo de la música no-temperada y el primero en Córdoba que en la década del 50 inició las experiencias electroacústicas. Sus obras han sido ejecutadas en Europa y en la Agrupación Nueva Música de Bs. As. "Visiones siderales" del 54 lo muestran en el dominio del dodecafonismo, técnica que abandonó en el 57 a la búsqueda de nuevas posibilidades. Desde el 62 y tal vez definitivamente, trabaja en el dominio de las matemáticas en el cual su imaginación se mueve cómodamente y de hecho su última producción está orientada en tal sentido.
El PDF muestra las imágenes de la tapa y contratapa de un disco de larga duración interpretado por:
TOMAS TICHAUER, viola
LUIS ROSSI, clarinete
MONICA COSACHOV, piano
Lado 1
FRANZ SCHUBERT:
Sonata en la menor "Arpeggione", para viola y piano
Allegro moderato-Adagio-Allegreto
Lado 2
ROBERT SCHUMANN:
"Cuentos de Hadas"
Op. 132,
para clarinete, viola y piano
I- Lebhaft, nicht zu schnell II- Lebhaft und sehr markiert III- Ruhiges Tempo, mit zartem Ausdruck
IV- Lebhaft, sehr markiert
RODOLFO ARIZAGA:
"Ciaccona" per viola (1969) dedicada a Tomás Tichauer
Variazioni-Cantilena-Fuga