Este registro en PDF contiene la desgrabación de una conversación con Fidelia Alancay en la localidad de Casabindo. Los temas que se mencionan son la venta de medias, indicaciones de caminos, velas para los santos y lanas. Las fojas son de papel muy fino.
UntitledSe trata de un fascículo (ISBN 978-84-471-0368-3) de una colección editada por Salvat, S. L. en 2018. El presente número (que venía acompañado por una miniatura del ómnibus), apareció en Argentina en 2025, distribuida en Capital y Gran Buenos Aires por Distribuidora Rubbo. En el resto del país, por Distribuidora General de Publicaciones S. A.
La publicación se refiere a la importación de un vehículo, que “sirvió de transporte público de pasajeros en la Ciudad de Buenos aires durante prácticamente dos décadas, popularizando avances técnicos importantes en la historia del transporte en Argentina (…). Entre 1947 y 1948 ingresaron al país, provenientes de Estados Unidos, alrededor de trescientos ómnibus producidos por la división Coach de General Motors, todos ellos para uso citadino. Otras unidades para larga distancia fueron adquiridas de manera particular para empresas privadas (...). La Corporación de Transportes de la Ciudad de Buenos Aires también operaba las diversas líneas de trolebuses, que básicamente eran ómnibus con motores eléctricos que obtenían energía desde la catenaria.”
El ejemplar fue transferido desde la Biblioteca UNTREF.
Su autor es Horacio Juan Cuccorese. Fue impreso en Argentina en 1966, editado por Librería El Ateneo.
Separata: 3 ejemplares (de páginas171 a 178). El artículo de Rodolfo Kusch, busca explorar las raíces culturales y filosóficas del continente, desafiando las perspectivas eurocéntricas. Kusch propone una visión desde la 'filosofía de la liberación', analizando cómo la experiencia americana se construye en base a una lógica propia, distinta a la occidental. Se enfoca en entender la identidad latinoamericana a través de sus manifestaciones culturales, su relación con la naturaleza, y su historia de colonización. El análisis busca comprender la cosmovisión de los pueblos originarios y su influencia en la conformación de una identidad propia y diferenciada.
UntitledSe trata de un cuadernillo impreso o boletín, con lo objetivos, propuestas, fundamentos y organización de la institución. En este último punto, se menciona la realización de un Seminario Permanente sobre Cultura Latinoamericana. Ultima página desplegable, con cuadro.
UntitledEl título corresponde al editorial del Boletín informativo. Año 1 - 2011. Grupo de investigación Tlamatinime sobre ontología latinoamericana.
Grupo de investigadores fundadores: Juan Cepeda H. (Colombia), Mauricio Beuchot Puente (México), Dina Picotti (Argentina) y Mario Mejía Huamán (Perú).
Se trata del PDF preparado con el guion para una emisión de un programa radial emitido el 30/11/1961. Trata sobre las danzas negras y africanas. El texto está mecanografiado y tiene notas y subrayados en color rojo o azul. Se encuentra en fojas de distinto tamaño y alguna de ellas es un recorte con manuscritos. Por la parte posterior se nota que el papel es reciclado de otras escrituras previas.
La primera foja, deja el texto inconcluso:
“Continuaremos hoy nuestra trayectoria por los caminos del jazz y de la música afro norteamericana y nos detendremos en los cantos de danza de los negros de la Unión. Siempre se ha insistido en el pathos trágico, en el "tono" patético que encierra el cancionero afroamericano. Es incuestionable que la mayor parte de la música negra está saturada de un transido dramatismo, de un fondo de tristeza irremisible, que deja ver a trasluz el telón de fondo de la esclavitud. Por eso es que no se equivocó Juan Valera al insistir en el idéntico acento que presenta toda la música americana, a causa del influjo del negro. Porque hasta en las expresiones más exuberantes del jazz se advierte, entre líneas, un estado de ánimo acongojado.
Pero este hecho no significa que el negro no posea, como los demás pueblos, una serie de especies musicales que rezumen una jocunda y chispeante exultación, un irresistible joie de vivre. Son las surgidas en los momentos de esparcimiento y diversión que también los tuvo, aun en las tinieblas de la esclavitud. Y entre éstas se destacan con perfil propio las vinculadas con la danza y que se cultivan en las suckey jumps o fiestas coreográficas afro norteamericanas.
Aunque los cantos de danza no han sido objeto de aquilatados estudios, no puede ponerse en tela de juicio la singular trascendencia que exhiben, no sólo desde el punto de mira formal, sino también desde el ángulo expresivo. Porque las melodías de los cantos de danza ilustran con evidente nitidez varias de las genuinas características que acompañan a la música negra. Entre ellas, sus ritmos fluidos y elásticos, la frecuente polirrítmia, la abundancia de sincopas, el swing, que iba a ser uno de los elementos estéticos más importantes del jazz; etcétera. Y todo ello, dentro de una línea melódica esquemática, de carácter a veces fragmentario, que denuncia el fontanar de”
Sigue: LA DANZA NEGRA, que tiene notas acerca de que era o no para LS1 (Radio Municipal e la Ciudad de Buenos Aires), o donde "insertar hoja”.
“Sobre la inclinación que muestra el negro hacia la música y la danza no es ya preciso insistir. Constituye un hecho axiomático. De ningún pueblo del mundo existe una bibliografía tan copiosa para abonar este irrefutable aserto. No hay libro, entre los miles dejados por viajeros, misioneros, publicistas de recuerdos, escritores, naturalistas y antropólogos que visitaron el continente africano, así como los distintos países del Nuevo Mundo, en el que no se mencione, aunque sea al pasar, esta verdadera pasión, que hasta ha llegado a ser interpretada, por quienes deseen rebajar su dimensión humana, como una "tara" propia de grupos étnicos y culturas "primitivos".
Además, que al hemisferio del arte ha aportado una nueva sensibilidad, una dimensión nueva, caracterizada por un profundo expresionismo, por un dramatismo estremecido y por una descarnada y palpitante elocuencia, es algo que nadie, ni siquiera los más acérrimos detractores del hombre de color, se ha atrevido a llevar a la arena de la polémica.
Por eso no puede extrañar que el conde de Gobineau, que no se caracterizó, precisamente, por su simpatía hacia este sector étnico, haya declarado, sin ambages, que la "raza" negra es la "raza" del arte. Y Elie Fauré fué todavía más allá bastante más allá y llegó a expresar que el desarrollo estético de la "raza" blanca se debe a la influencia que sobre ella han ejercido las etnias de color. Porque en todas las épocas, en todos los meridianos y dentro de las múltiples facetas de las manifestaciones artísticas, la gente de Cam ha logrado destacarse con perfil y acento propios.
Ni siquiera la pesada cadena de vicisitudes que tuvo que arrastrar el negro en su forzoso tránsito al Nuevo Mundo, logró borrar esta tan arraigada como fructífera inclinación artística. Pues la verdad es que, ya en la nave esclavista, entonaba sus canciones y ejecutaba sus bailes, aunque no lo hacía espontáneamente, sino constreñido por el implacable látigo. Castro Alves, el gran poeta antiesclavista, en “O navío negreiro”, pinta el cuadro trágico de la danza en el siniestro barco que conducía el ébano humano.
Desde luego que el negrero, al obligarlo a cantar y danzar, tampoco buscaba deleitarse. Con ello trataba de neutralizar un fenómeno psíquico que se apoderaba del cargamento de siervos y amenazaba con diezmarlo o aniquilarlo por completo. Era un estado de honda melancolía, que agotaba las fuerzas morales y físicas del esclavo; que reducía al individuo a un estado de apatía, de irremisible tristeza y desesperación, el que todos los viajeros del África se han ocupado, y que encuentra expresión cabal en el vocablo intraducible banzo, incorporado al idioma portugués y originado entre los esclavos por éstos hurtados en el corazón del África.
Por eso, la letra de una canción de Angola dice: "El día que me yo muera, lloraré la danza", con lo cual se de sea expresar que el negro, al emprender el viaje sin retorno, experimentará, como el mayor de los pesares, el hecho de no poder bailar más... Por eso también uno de los mayores poetas africanos de lengua francesa, Léopold Sédar Senghor, escribió: "Nosotros somos los hombres de la Danza...".
Nota: "Aquí insertar hoja"
Es muy común que se hable de la danza negra en términos generales, sin discriminar si se trata de danzas africanas o afroamericanas, si son danzas seculares o litúrgicas. Porque la verdad es que entre el baile africano o afroamericano religioso y el profano, existe una profunda diferencia. La danza negra religiosa es fundamentalmente ritualística y se vincula con un ceremonial prefijado y tradicional, del que los bailarines no se apartan. Podría comparársela, en este sentido, con un ballet, en el que los distintos integrantes desempeñan diferentes papeles. Pues contrariamente a la creencia general, a este tipo de danzas africanas no está librado a la improvisación, sino que sus figuras, su mímica coreográfica, son producto de sucesivas ejecuciones, a través de las cuales se va fijando la coreografía, que luego cristaliza y se perpetúa a lo largo de los años y las generaciones.
Por ejemplo, Geoffrey Gorer, después de presenciar en el África occidental la danza de la fertilidad, que tanto lo sedujo, escribió: "Tan impresionados nos sentimos que rogamos que la repitieran. No alteraron ningún movimiento; la pantomima fué observada y realizada en la forma más exquisita. Parecía espontánea, pero difcilmente podía serlo, pues el ritmo de los tambores y las sonajas fue cuidadosamente observa-do".
Por nuestra parte, hemos podido observar personalmente la danza litúrgica de origen africano se lleva a cabo sobre la base de diseños coreográficos inmutables, que se trasmiten de padres a hijos. En los candomblés afro brasileños de Bahía, donde la tradición de Nigeria y Dahomey sobrevive con fuerza y rigidez inusitadas, cada dios o orixá posee sus bailes particulares, a través de cuya mímica "habla" y se comunica con los mortales.
Danzas Africanas (nota manuscrita)
DAN ZA
A pesar de los efectos de la transculturación, resulta evidente que el negro norteamericano no olvidó los patrones africanos de su coreografía. En efecto, la mayoría de los bailes negros exhiben un incuestionable carácter africano, aunque muchas veces las funciones de ellos hayan cambiado por causa de los cambios sociales a que fueron sometidos los esclavos y sus descendientes. En este sentido, Melville J. Herskovits ha dicho que "confirmado por las películas registradas en el África acerca de rituales negros exhiben una pasmosa similitud con los bailes de los negros norteamericanos" (he Myth of the Negro Past).
Por su parte, K. Dunhan ha dicho que la danza africana se mantuvo con menos intensidad africana en los Estados Unidos que en las Indias Occidentales y América del Sur. Pero aun así reconoce el africanismo que palpita en especies coreográficas como los de los cultos religiosos. En Georgia, Lydia Parrish encontró encontró muchos negros que recordaban y sabían bailar el shout, danza perteciente al ritual litúrgico afronorteamericano originado en la época de la esclavitud y similar al candomblé, el xangó y la macumba afro brasileños; al santería afro cubana, al Shangó, de Trinidad; etcétera.
En la esfera de las antiguas danzas afronorteamericanos caben el Pas Mala, el strut, el palmer house, el walking the dog, balling the jack, bunny hugh grizzly bear, etc. Muchas de estas danzas fueron estilizadas y "blanqueadas" por Vernon e Irene Castle, les cambiaron los nombres y las impusieron ante los públicos más "selectos" de Nueva York, París y Londres. Sin embargo, es- tos bailarines reconocían siempre la deuda que tenían con el compositor, instrumentista y director de orquesta James Reese Europe en cuanto al contacto y al aprendizaje de estas danzas. Por otra parte, la orquesta de este famoso músico los acompañaba en forma casi absoluta."
El texto contiene un agregado manuscrito por encima del título en tinta rosa: "Música afroamericana". También en tinta verde hay otras correcciones con indicaciones en los párrafos de la hoja.
El texto de la primera foja del PDF es el siguiente:
"De lo monocorde de la música negra se ha hablado hasta el hartazgo. Sin embargo, por razones etnográficas y sociales, constituye un mosaico variado y múltiple que alcanza un amplio radio no solo formal sino también expresivo. Aunque no toda se mantuvo "pura" en su rudo trasplante a nuestro continente, pudo conservar su lozanía, su vigencia y su intensidad en los focos más importantes de América, y gravitar sobre todos los compositores "cultos" de Europa y del Nuevo Mundo.
Desde los días de los primeros viajeros y exploradores que surcaron las costas del África se ha perpetuado una suposición según la cual la música negra es una música exenta de variación, monótona, pobre, uniforme. De lo monocorde del tambor africano se ha hablado hasta el hartazgo. Y, bien entrado el siglo diecinueve, todavía encontramos en la bibliografía del asunto nutridas referencias a los "primitivos" instrumentos que son voceros de esta música. Sin embargo, como lógica consecuencia de la diversidad semántica y etnográfica del África occidental que es la fuente en que se nutre todo el manantial de la música afroamericana. El arte sonoro de los negros constituye un Mosaico variado y múltiple, pues abarca un amplio radio, no solo formal sino también expresivo.
La contextura musical, los patrones rítmicos, la manera de cantar, la instrumentación, el contenido de las canciones y la línea melódica de las expresiones musicales difieren de una zona a otra, tanto en el África como en los distintos países de América.
Candombes magíes y mayombes
En Cuba, por ejemplo, la música negra puede ser de origen congoleño, de fuente yoruba o de matriz ewe. El Brasil tiene música ijesha, ewe-yoruba, congoleña y angoleña. Y hasta en nuestro país la música negra no provenía de una sola fuente africana. En nuestras investigaciones hemos llegado a la conclusión de que hubo ritmos de candombe de origen magí, congoleño, mayombe y angoleño. Porque, así como en el continente africano no se habla un solo idioma, ni idéntico dialecto, tampoco se canta o ejecutan instrumentos musicales en una misma forma."
El PDF muestra un texto incompleto. La primera foja tiene correcciones manuscritas en azul y rojo. La transcripción de la misma es la siguiente:
"El conocimiento de la existencia del arte sonoro de los negros no es reciente, ni muchísimo menos. Desde el siglo XIV, navegantes, exploradores, naturalistas, viajeros y publicistas de recuerdos nos hablan de los cantos, de las danzas y de los instrumentos musicales de los africanos. Pero lo que si constituye un hecho nuevo es el reconocimiento otorgado a la música de la gente de color como expresión artística digna de todo respeto y atención, por sus valores estéticos, técnicos y etnológicos. En efecto, a medida que los músicos negros se hacían conocer en el Viejo Mundo, y mientras los europeos tomaban contacto más directo y reiterado con el continente de ébano, iban modificando su actitud despectiva hacia las artes "exóticas" o "de color".
Fue así como, después de un dilatado lapso, durante el cual la música negra vivió en la más hermética indiferencia, cuando no en una atmósfera de acerbo desprecio, sucedió un período de interés cauteloso y, por fin, se le abrieron los brazos con amplio beneplácito.
Sin embargo, la música negra está muy lejos de ser popular, y, por su propia naturaleza, quizá no llegue nunca a serlo, bues el "gran" público la ignora, a pesar de los evidentes progresos logrados en los últimos años, gracias al estudio científico y a las serias pesquisas que en este territorio se realizan y que han arrojado un potente haz de luz sobre los apasionantes problemas suscitados en torno a ella."