Artículo publicado en el diario El Nacional (Venezuela) el 3 de julio de 1974 sobre la obra de Isabel Aretz, por Rhazés Hernández López. Contiene también otro recorte del 7 de julio sobre la interpretación de la obra de la Orquesta Sinfónica de Venezuela.
Aretz, IsabelCon caja original. Dirigida por Jean Rouch. Con la participación de Oumarou Ganda. Cine Ojo. Films y video.
Griffa, NorbertoPor el Maestro Vittorio Bertolini.
Aretz, IsabelSe trata de un libro de texto (con sellos previos y de expurgo), de un grupo de títulos conformado por 25 ejemplares recibidos en donación, los cuales se utilizaban para la enseñanza de la música en escuelas de nivel medio (secundario).
Este volumen, escrito por Frances Wolf y editado por Ricordi, es el tomo 1 (14a. edición).
El documento consta de tres imágenes de carillas impresas, de las dos hojas correspondientes a un artículo de "artes y espectáculos", redactado por Rodolfo Arizaga, para la Revista Primera Plana. El recorte es una separata del ejemplar nº 436 del día 08 de junio de 1971.
Arizaga, RodolfoSe trata del libro transferido desde la Biblioteca UNTREF. El PDF contiene imágenes de la obra escrita por Jean-Paul Sartre, que estuvo en la estantería de la Biblioteca UNTREF - Sede Central, dentro de la Colección Bregman (de la que se brinda el enlace en el área de materiales relacionados), con la codificación: BREGMAN/82/SAR/0.011292. Las tapas y hojas del ejemplar se encuentran con un alto nivel de acidez, lo que genera roturas y quebraduras. Esta condición provocó que se traslade al Archivo de Biblioteca UNTREF, donde se conserva en un sobre contenedor.
Biblioteca y Centro de Documentación de la Universidad Nacional de Tres de FebreroEl recorte cuenta con dos notas escritas por Arizaga. La primera lleva el nombre de “¿Qué fue de tanta invención…?”. Trata sobre unos músicos norteamericanos llamados “Pro Música”, dirigidos por Noah Greenberg, quienes desde 1952 homenajean la música de la Edad Media y el Renacimiento, hasta los albores del barroco, Schutz y Monteverdi. Se presentaron, la semana anterior a la publicación de la nota, en Buenos Aires, primero en el Museo de Arte Decorativo y luego en el Colón. Los escritos de esa época son complicados de interpretar ya que carecen de detalles tales como cantidad de voces, matices, tempi, dinámica y tipo de instrumento, es gracias a Greenberg y sus compañeros que se pueden rescatar las partituras.
La segunda, es una reseña del disco “Conciertos para piano y orquesta de Edward Grieg y Robert Schumann, por Dinu Lipati (CBS 4369)”, que se presentó en Buenos Aires, y está titulada “Mientras yo agonizo”. El título hace referencia a que el disco debió ser grabado mientras Dinu Lipati, uno de los mayores pianistas del siglo, agonizaba. Con tan solo 33 años fue desahuciado por los médicos, que no le dieron más de algunas semanas de vida. Por tal situación la grabadora Pathé Marconi tomó una decisión casi inhumana, conseguir que Lipati destinase los días que le quedaban a grabar, prácticamente sin pausas, lo cual se realizó en los estudios de Radio Ginebra. El disco, entonces, cuenta con el aporte orquestal junto a interpretaciones de Alceo Galliera y Herbert Von Karajan.
El recorte es una separata de la revista Primera Plana del 27 de julio de 1965. Está foliado por el propio autor con el número 54 en rojo.
El PDF se compone de dos artículos escritos por Arizaga, siendo ambos, reseñas de discos. La primera se titula “¿Qué puedo decirle?” y corresponde al disco “Falstaff (opera completa) por Giuseppe Verdi” (RCA Victor LSC 6163 Stereo). El título hace referencia a una carta que envió Verdi al marqués Gino Monaldi que comienza con “¿Qué puedo decirle?” para luego continuar mostrando su deseo de escribir una ópera cómica la cual terminaría siendo la ópera que compone el disco reseñado.
La versión presentada de RCA fue realizada en los “ultramodernos” estudios en las afueras de Roma, con Georg Solti dirigiendo una orquesta, un coro y diez solistas que incluyen al barítono galés Geraint Evans.
La segunda reseña lleva el nombre “La nostalgia del Duque” y es acerca del disco “Lagrime d´amante al sepolcro dell´amata, por Claudio Monteverdi” (Qualiton CM 1018). La obra se trata de un encargo por parte del Duque Vicenzo de Mantua quien buscaba exaltar las virtudes de la soprano Caterinuccia Martinelli, quien había fallecido a la edad de 18 años a causa de la viruela, y se compone de seis madrigales. La versión presentada en el disco incluye al Coro de Cámara del Collegium Musicum de Buenos Aires, la dirección de Juan Schultis y fue grabada en una sala del Instituto Bernasooni.
El recorte es una separata de la revista Primera Plana del 19 de abril de 1966. Está foliado por el propio autor con el número 70 en rojo.
El PDF corresponde al texto original que aparece en el capítulo 13 del libro "Esquema de la música afroargentina". Se presenta un resumen de lo escrito por Néstor Ortíz Oderigo en esta agrupación documental:
- Los violinistas negros
Desde comienzos de la esclavitud emplearon los negros, en todas las latitudes del mapa de América, el violín rudimentario, llamado fiddle en los países americanos colonizados por una nación de Europa occidental. Construíase con madera rústica, y sus cuerdas, que nunca pasaban de dos, se fabricaban de manera precaria con fibras vegetales, alambres, piolines, crines de caballo o hebras de seda.
La presencia del violín primitivo, entre los grupos etnoculturales afroamericanos, constituye un africanismo, pues en distintas zonas del África, con anterioridad a la invasión de los europeos, el instrumento de Paganini era de uso corriente (...). Interesante resulta señalar que, en Nueva Orleáns, Estados Unidos, la llamada second line o “segunda fila”, integrada por jóvenes admiradores de los músicos, también marchaba detrás de las brass bands o bandas de desfile, así como de las jazz bands.
Por otra parte, en los cadomblés afrobrasileños de Bahía, en torno de los tamboreros –fieles cultivadores y custodios de una tradición de desfile integradas por instrumentos de metal. Agreguemos que en los candomblés afrobrasileños de Bahía, en torno de los tambores –fieles cultivadores y custodios de una tradición que viene de muy lejos en el tiempo y en el espacio- hay siempre un grupo de niños y jóvenes que observan, maravillados, el quehacer estético-ritualístico de tañedores que sorprenden con sus proezas rítmicas y tímbricas, y son capaces de percutir más de cuatrocientos tiempos por minuto (…). Respecto de la Argentina y el Uruguay, podemos afirmar que también que el violinista africano y sus descendientes, constituyó, en el decurso de los aciagos días de la esclavitud y aún después de finalizado el oprobioso régimen, una figura común, característica y tradicional. Fue toda una “institución”. En el año 1780 se registran sus primeras actuaciones. Y la tradición llegó hasta el tango, en cuya órbita encontramos algunos afroargentinos cultivadores del nieto del rabel. En este sentido, resulta curioso el perfil del negro Casimiro, que no sólo fue tanguista de fuste sino también músico ambulante ampliamente celebrado en distintos pueblos y ciudades de nuestro país.
(…) Perfil legendario
De la extendida pinacoteca de veteranos artistas de la música popular de nuestra ciudad, brota, adornado con penachos místicos, un perfil legendario. Es el legendario perfil de un violinista instintivo e intuitivo, que ejecutaba su miembro organográfico de acuerdo con el hilo sutil de su inspiración. Hacia los decenios anteriores a la finalización del siglo diecinueve, tañía empíricamente su instrumento, impulsado por los resortes de la perspicacia, así como respaldado por una tradición que extiende sus brazos a lo largo del tiempo y del espacio. Porque, aunque con vida más limitada que en otros países americanos, en el nuestro se observaron innumerables patrones, complejos y trazos culturales de matriz africana, a los cuales, hasta ahora, nadie había prestado atención. De este violinista se conocen apenas el apodo y el nombre de pila. Se llamó Negro Casimiro."
El PDF corresponde al texto original que aparece en el capítulo 14 del libro "Esquema de la música afroargentina", como "Leopoldo Thompson. La palabra cayengue".
Se presenta un resumen de lo escrito por Néstor Ortíz Oderigo en esta agrupación documental:
"No admite réplica el hecho de que sobre la música de América han gravitado los más diversos patrones culturales del arte sonoro traído al Nuevo Mundo por los esclavos. Es evidente que los rasgos de los negros se dibujan con absoluta claridad en el policromo lienzo de diversas especies, distintas morfologías coreográficas y varios miembros de la generosa organografía. Y no sólo en el ámbito del lenguaje y los recursos técnicos y estéticos de la música americana sino también en los instrumentos a través de los cuales cobran vida y aliento el idioma de Shangó. En este último sentido, una simple ojeada a las herramientas de la música del Nuevo Mundo nos convencerá de la influencia del tub o contrabajo primitivo.
De ahí que, ante el nombre de Leopoldo Thompson –contrabajista que se inició como tañedor de guitarra y está inscripto en la nutrida pinacoteca de la música afroargentina que reflejaron su imagen en el espejo del tango- de ninguna manera se puede pasar sin hacer un breve alto, aun en un rápido esbozo de los principales artistas pertenecientes a este grupo etnocultural que colaboraron en las primeras promociones del desenvolvimiento de la referida especie, por lo menos entre los labradores del género cuyos nombres cobraron notoriedad y han perdurado (…). De acuerdo con la técnica introducida –no creada- por Thompson en las fronteras de la música popular de nuestra ciudad y común a todos los contrabajistas y tañedores de tub, washtub, gayumba o contrabajo “primitivo”, el instrumentista no toca en forma normal su herramienta sonora, provisto del arco, o mediante pizzicati. Se consagra a percutir sus cuerdas contra el corpus o caja del instrumento, sea con la mano derecha, con el arco, con una varilla de madera, un trozo de alambre, una soga gruesa o las baquetas de los agentes percusivos. Halla similitud esta técnica, en el saltato y, sobre todo, en el col legno de la música euroamericana.
Singular paradigma de esta manera de pulsar en el referido miembro de la familia de los cordófonos de frotación, fue Leopoldo Thompson. Durante el lapso comprendido en el decenio de 1910, alternó la guitarra y el contrabajo en diversas orquestas que figuraron en las líneas avanzadas de la música popular porteña (…). Como guitarrista, su nombre se vinculó, en la primera línea del pentagrama de su actividad, con la orquesta de Eduardo Arolas. Poco después se asoció con el cuarteto La Armonía. Entonces fue cuando se abrieron las puertas de su carrera fonográfica.
Entre tanto, el rostro del instrumento de Tárrega, en la escena del tango, palideció como elemento capaz de asegurar la firmeza, el “deslizamiento” y la fluidez que requiere la música de alcurnia popular. Se vio entonces obligado Thompson a sacar carta de ciudadanía como contrabajista. Con el miembro que tañía Kussevitzky unió sus fuerzas al conjunto Canaro-Martínez y luego al organismo que piloteaba Milonga con variaciones. Se deslizaban entonces los días del año 1916. En rápida sucesión, pasó más tarde por las agrupaciones de diversa temperatura estética, hasta culminar en los famosos sextetos de Juan Carlos Cobián, Julio De Caro y Osvaldo Fresedo."