El PDF corresponde al texto sin título escrito por Néstor Ortíz Oderigo y que parce ser continuación del borrador: "Música y poesía afroargentinas". Se encuentra en la carpeta que corresponde a los originales el libro: "Esquema de la música afroargentina", publicado por EDUNTREF, con Norberto Pablo Cirio como editor.
Ortíz Oderigo, NéstorEl PDF presenta el Capítulo I, del libro Latitudes africanas del tango, donde se reseña la inmigración forzada de los africanos hacia América. En el Área de materiales relacionados, se puede acceder al registro del libro, que se encuentra en la Biblioteca UNTREF.
Ortíz Oderigo, NéstorEl texto contiene un agregado manuscrito por encima del título en tinta rosa: "Música afroamericana". También en tinta verde hay otras correcciones con indicaciones en los párrafos de la hoja.
El texto de la primera foja del PDF es el siguiente:
"De lo monocorde de la música negra se ha hablado hasta el hartazgo. Sin embargo, por razones etnográficas y sociales, constituye un mosaico variado y múltiple que alcanza un amplio radio no solo formal sino también expresivo. Aunque no toda se mantuvo "pura" en su rudo trasplante a nuestro continente, pudo conservar su lozanía, su vigencia y su intensidad en los focos más importantes de América, y gravitar sobre todos los compositores "cultos" de Europa y del Nuevo Mundo.
Desde los días de los primeros viajeros y exploradores que surcaron las costas del África se ha perpetuado una suposición según la cual la música negra es una música exenta de variación, monótona, pobre, uniforme. De lo monocorde del tambor africano se ha hablado hasta el hartazgo. Y, bien entrado el siglo diecinueve, todavía encontramos en la bibliografía del asunto nutridas referencias a los "primitivos" instrumentos que son voceros de esta música. Sin embargo, como lógica consecuencia de la diversidad semántica y etnográfica del África occidental que es la fuente en que se nutre todo el manantial de la música afroamericana. El arte sonoro de los negros constituye un Mosaico variado y múltiple, pues abarca un amplio radio, no solo formal sino también expresivo.
La contextura musical, los patrones rítmicos, la manera de cantar, la instrumentación, el contenido de las canciones y la línea melódica de las expresiones musicales difieren de una zona a otra, tanto en el África como en los distintos países de América.
Candombes magíes y mayombes
En Cuba, por ejemplo, la música negra puede ser de origen congoleño, de fuente yoruba o de matriz ewe. El Brasil tiene música ijesha, ewe-yoruba, congoleña y angoleña. Y hasta en nuestro país la música negra no provenía de una sola fuente africana. En nuestras investigaciones hemos llegado a la conclusión de que hubo ritmos de candombe de origen magí, congoleño, mayombe y angoleño. Porque, así como en el continente africano no se habla un solo idioma, ni idéntico dialecto, tampoco se canta o ejecutan instrumentos musicales en una misma forma."
El PDF muestra fojas mecanografiadas, que tratan sobre la vida del músico Antonio Sayago. Algunas fojas presentan el reverso tachado, ya que es papel que se recicló.
Ortíz Oderigo, NéstorEl PDF corresponde al recorte de un artículo aparecido en el Diario El Mundo, del domingo 26 de octubre de 1958. El texto cuenta con fotografías de motivos folklóricos y ballets africanos. Se encuentra pegado a una foja blanca (amarillenta por el contacto con el papel ácido de la publicación).
Se transcribe el inicio del texto:
"Los factores de la mayor trascendencia se dan cita en el seno de los diversos cancioneros folklóricos creados por los negras en el Nuevo Mundo. El primero de ellos es el hecho de que en su cauce confluyen dos corrientes cultu rales distintas y, en general, opuestas: la africana y la europea, y, el segundo, el haberse visto poderosamene influidos por un acontecimiento rodeado de condiciones nada comunes, cual fue el traslado de los hiJos de Africa al continente americano y su sometimiento al régimen de la esclavitud, que los redujo a una situación infrahumana, susceptible de haber cercenado de raiz una tradición cultural largamente desarrollada, y que, por el contrario, ha sobrevivido por espacio de tres siglos, a despecho de los radicales cambios sociales y económicos a que han sido sometidos los esclavos y sus descendientes."
Se trata del PDF preparado con el guion para una emisión de un programa radial emitido el 30/11/1961. Trata sobre las danzas negras y africanas. El texto está mecanografiado y tiene notas y subrayados en color rojo o azul. Se encuentra en fojas de distinto tamaño y alguna de ellas es un recorte con manuscritos. Por la parte posterior se nota que el papel es reciclado de otras escrituras previas.
La primera foja, deja el texto inconcluso:
“Continuaremos hoy nuestra trayectoria por los caminos del jazz y de la música afro norteamericana y nos detendremos en los cantos de danza de los negros de la Unión. Siempre se ha insistido en el pathos trágico, en el "tono" patético que encierra el cancionero afroamericano. Es incuestionable que la mayor parte de la música negra está saturada de un transido dramatismo, de un fondo de tristeza irremisible, que deja ver a trasluz el telón de fondo de la esclavitud. Por eso es que no se equivocó Juan Valera al insistir en el idéntico acento que presenta toda la música americana, a causa del influjo del negro. Porque hasta en las expresiones más exuberantes del jazz se advierte, entre líneas, un estado de ánimo acongojado.
Pero este hecho no significa que el negro no posea, como los demás pueblos, una serie de especies musicales que rezumen una jocunda y chispeante exultación, un irresistible joie de vivre. Son las surgidas en los momentos de esparcimiento y diversión que también los tuvo, aun en las tinieblas de la esclavitud. Y entre éstas se destacan con perfil propio las vinculadas con la danza y que se cultivan en las suckey jumps o fiestas coreográficas afro norteamericanas.
Aunque los cantos de danza no han sido objeto de aquilatados estudios, no puede ponerse en tela de juicio la singular trascendencia que exhiben, no sólo desde el punto de mira formal, sino también desde el ángulo expresivo. Porque las melodías de los cantos de danza ilustran con evidente nitidez varias de las genuinas características que acompañan a la música negra. Entre ellas, sus ritmos fluidos y elásticos, la frecuente polirrítmia, la abundancia de sincopas, el swing, que iba a ser uno de los elementos estéticos más importantes del jazz; etcétera. Y todo ello, dentro de una línea melódica esquemática, de carácter a veces fragmentario, que denuncia el fontanar de”
Sigue: LA DANZA NEGRA, que tiene notas acerca de que era o no para LS1 (Radio Municipal e la Ciudad de Buenos Aires), o donde "insertar hoja”.
“Sobre la inclinación que muestra el negro hacia la música y la danza no es ya preciso insistir. Constituye un hecho axiomático. De ningún pueblo del mundo existe una bibliografía tan copiosa para abonar este irrefutable aserto. No hay libro, entre los miles dejados por viajeros, misioneros, publicistas de recuerdos, escritores, naturalistas y antropólogos que visitaron el continente africano, así como los distintos países del Nuevo Mundo, en el que no se mencione, aunque sea al pasar, esta verdadera pasión, que hasta ha llegado a ser interpretada, por quienes deseen rebajar su dimensión humana, como una "tara" propia de grupos étnicos y culturas "primitivos".
Además, que al hemisferio del arte ha aportado una nueva sensibilidad, una dimensión nueva, caracterizada por un profundo expresionismo, por un dramatismo estremecido y por una descarnada y palpitante elocuencia, es algo que nadie, ni siquiera los más acérrimos detractores del hombre de color, se ha atrevido a llevar a la arena de la polémica.
Por eso no puede extrañar que el conde de Gobineau, que no se caracterizó, precisamente, por su simpatía hacia este sector étnico, haya declarado, sin ambages, que la "raza" negra es la "raza" del arte. Y Elie Fauré fué todavía más allá bastante más allá y llegó a expresar que el desarrollo estético de la "raza" blanca se debe a la influencia que sobre ella han ejercido las etnias de color. Porque en todas las épocas, en todos los meridianos y dentro de las múltiples facetas de las manifestaciones artísticas, la gente de Cam ha logrado destacarse con perfil y acento propios.
Ni siquiera la pesada cadena de vicisitudes que tuvo que arrastrar el negro en su forzoso tránsito al Nuevo Mundo, logró borrar esta tan arraigada como fructífera inclinación artística. Pues la verdad es que, ya en la nave esclavista, entonaba sus canciones y ejecutaba sus bailes, aunque no lo hacía espontáneamente, sino constreñido por el implacable látigo. Castro Alves, el gran poeta antiesclavista, en “O navío negreiro”, pinta el cuadro trágico de la danza en el siniestro barco que conducía el ébano humano.
Desde luego que el negrero, al obligarlo a cantar y danzar, tampoco buscaba deleitarse. Con ello trataba de neutralizar un fenómeno psíquico que se apoderaba del cargamento de siervos y amenazaba con diezmarlo o aniquilarlo por completo. Era un estado de honda melancolía, que agotaba las fuerzas morales y físicas del esclavo; que reducía al individuo a un estado de apatía, de irremisible tristeza y desesperación, el que todos los viajeros del África se han ocupado, y que encuentra expresión cabal en el vocablo intraducible banzo, incorporado al idioma portugués y originado entre los esclavos por éstos hurtados en el corazón del África.
Por eso, la letra de una canción de Angola dice: "El día que me yo muera, lloraré la danza", con lo cual se de sea expresar que el negro, al emprender el viaje sin retorno, experimentará, como el mayor de los pesares, el hecho de no poder bailar más... Por eso también uno de los mayores poetas africanos de lengua francesa, Léopold Sédar Senghor, escribió: "Nosotros somos los hombres de la Danza...".
Nota: "Aquí insertar hoja"
Es muy común que se hable de la danza negra en términos generales, sin discriminar si se trata de danzas africanas o afroamericanas, si son danzas seculares o litúrgicas. Porque la verdad es que entre el baile africano o afroamericano religioso y el profano, existe una profunda diferencia. La danza negra religiosa es fundamentalmente ritualística y se vincula con un ceremonial prefijado y tradicional, del que los bailarines no se apartan. Podría comparársela, en este sentido, con un ballet, en el que los distintos integrantes desempeñan diferentes papeles. Pues contrariamente a la creencia general, a este tipo de danzas africanas no está librado a la improvisación, sino que sus figuras, su mímica coreográfica, son producto de sucesivas ejecuciones, a través de las cuales se va fijando la coreografía, que luego cristaliza y se perpetúa a lo largo de los años y las generaciones.
Por ejemplo, Geoffrey Gorer, después de presenciar en el África occidental la danza de la fertilidad, que tanto lo sedujo, escribió: "Tan impresionados nos sentimos que rogamos que la repitieran. No alteraron ningún movimiento; la pantomima fué observada y realizada en la forma más exquisita. Parecía espontánea, pero difcilmente podía serlo, pues el ritmo de los tambores y las sonajas fue cuidadosamente observa-do".
Por nuestra parte, hemos podido observar personalmente la danza litúrgica de origen africano se lleva a cabo sobre la base de diseños coreográficos inmutables, que se trasmiten de padres a hijos. En los candomblés afro brasileños de Bahía, donde la tradición de Nigeria y Dahomey sobrevive con fuerza y rigidez inusitadas, cada dios o orixá posee sus bailes particulares, a través de cuya mímica "habla" y se comunica con los mortales.
Danzas Africanas (nota manuscrita)
DAN ZA
A pesar de los efectos de la transculturación, resulta evidente que el negro norteamericano no olvidó los patrones africanos de su coreografía. En efecto, la mayoría de los bailes negros exhiben un incuestionable carácter africano, aunque muchas veces las funciones de ellos hayan cambiado por causa de los cambios sociales a que fueron sometidos los esclavos y sus descendientes. En este sentido, Melville J. Herskovits ha dicho que "confirmado por las películas registradas en el África acerca de rituales negros exhiben una pasmosa similitud con los bailes de los negros norteamericanos" (he Myth of the Negro Past).
Por su parte, K. Dunhan ha dicho que la danza africana se mantuvo con menos intensidad africana en los Estados Unidos que en las Indias Occidentales y América del Sur. Pero aun así reconoce el africanismo que palpita en especies coreográficas como los de los cultos religiosos. En Georgia, Lydia Parrish encontró encontró muchos negros que recordaban y sabían bailar el shout, danza perteciente al ritual litúrgico afronorteamericano originado en la época de la esclavitud y similar al candomblé, el xangó y la macumba afro brasileños; al santería afro cubana, al Shangó, de Trinidad; etcétera.
En la esfera de las antiguas danzas afronorteamericanos caben el Pas Mala, el strut, el palmer house, el walking the dog, balling the jack, bunny hugh grizzly bear, etc. Muchas de estas danzas fueron estilizadas y "blanqueadas" por Vernon e Irene Castle, les cambiaron los nombres y las impusieron ante los públicos más "selectos" de Nueva York, París y Londres. Sin embargo, es- tos bailarines reconocían siempre la deuda que tenían con el compositor, instrumentista y director de orquesta James Reese Europe en cuanto al contacto y al aprendizaje de estas danzas. Por otra parte, la orquesta de este famoso músico los acompañaba en forma casi absoluta."
El texto del PDF, consta de 2 copias del texto. El mismo, se divide en varios puntos numerados, en los que se van tocando diversos temas referidos al africanismo, ceremonias, tradición cultural, folklore y la influencia ejercida por esta música de tradición marcial en las bandas surgidas en el nuevo mundo. La musicalidad, el arte sonoro de los esclavos, la danza, el canto y los factores socioculturales de los afroamericanos.
Las primeras bandas formadas por músicos negros se remontan al Siglo XVII. Se cree, fueron introducidas por el patrón cultural europeo francés, de época napoleónica. Se mencionan los relatos de viajes de etnógrafos y naturalistas y una serie de libros son citados, como: “Travels in America in 1806”, de Thomas Ashe, “The negro in the new world (Londres, 1910)”, “Recuerdos del pasado”, de Vicente Pérez Rosales, “Rosas y su tiempo”, de Ramos Mejía (1952), “Romance de la Santa Federación”, de Arturo Capdevila o “Rostros de bronce”.
Se dice que el General San Martín cantó el Himno Nacional Argentino en Santiago, secundado por dos ejecutantes de trompa negros, así como su participación en la Marcha de San Lorenzo, el tango y sus autores en el principio del Siglo XX (cómo Ángel G. Villoldo: “El choclo”, “El porteñito”). La habilidad para la percusión, Cirilo Vidal, Sayago, Fermín Silva y los “Hombres banda” ó “one-man band”, los músicos callejeros y transhumantes, o su confinamiento a los peringundines.
El PDF muestra diversas fojas con correcciones, índice terminado en 1988 (en una hoja se compone de dos pegadas entre sí), una nota referida al salto de numeración que modifica el número de páginas y otras sobre el propio texto,
bibliografía y observaciones. Todo, sobre la preparación del libro "latitudes africanas del tango, editado por EDUNTREF, la Editorial de la Universidad Nacional de Tres de Febrero. En el Área de materiales relacionados, se puede acceder al registro del libro, que se encuentra en la Biblioteca UNTREF.
El PDF muestra el texto mecanografiado del guion para una emisión de un programa radial. Las hojas son de diferente tamaño y con numerosas correcciones y agregados manuscritos en tinta roja y azul. La primera foja que aparece, habla del folklore de los esclavos y los cantos de trabajo. Luego hay un título de un texto de los africanos y afroamericanos.
Ortíz Oderigo, NéstorEl PDF se refiere a los distintos tipos y técnicas de ejecución de este idiófono de percusión o sacudimiento, que diversas culturas africanas (bantúes, congoleños, angoleños, sudaneses) utilizaron para sus rituales litúrgicos o fiestas profanas. En su origen, eran primitivas sonajas fabricadas con frutos de corteza dura. Ejecuta el tempo de la orquesta, sin embargo no dirige a los demás instrumentos (lo hace el tamboreo jefe o master drummer).
El texto se divide en varias partes y refiere los usos en el jazz, la música afrocubana, el berimbau brasilero, el “agogó”, que es un término que significa: reloj, en idioma yoruba.
Se menciona al Negro Clemente, quien se destacó como campanero, quien ejecutaba en los bronces de la iglesia, como los africanos hacían con las marimbas o martillos.