Jazz

Área de elementos

Taxonomía

Código

Nota(s) sobre el alcance

    Nota(s) sobre el origen

      Mostrar nota(s)

        Términos jerárquicos

        Jazz

        Término General Música

        Jazz

        Términos equivalentes

        Jazz

          Términos asociados

          Jazz

            15 Descripción archivística resultados para Jazz

            15 resultados directamente relacionados Excluir términos relacionados
            AR ABIBUNTREF C.BP-ORT-2-1-000546 · Unidad documental simple · 1912 - 1996
            Parte de Fondo Néstor Ortíz Oderigo

            Guion para el programa radial "Meridiano del jazz", transmitido el sábado 25 de julio de 1964 a las 10:00 horas. La primer foja muestra la lista de los discos emitidos al aire ese día.
            Se comparte el texto de la disertación preparada por Néstor Ortíz Oderigo, que se encuentra a partir de la segunda hoja, en el PDF de este registro:

            "Desde comienzos de la esclavitud emplearon los negros norteamericanos el fiddle o violín rudimentario, construído con madera rústica, o con una caja de cigarros, y cuyo par de cuerdas -cuando no su única cuerda- estaban fabricadas en la más primitiva forma. A veces, crines de caballo servían para tal fin, o asimismo trozos de alambre fino.
            Quienes escucharon, en las plantaciones del Sur, las ejecuciones de los fiddlers o violinistas "primitivos", nos han dejado relatos muy interesantes respecto de la habilidad de estos instrumentistas. Y el ubicuo Lafcadio Hearn, en notas escritas durante el séptimo decenio del siglo pasado, describe las interesantes versiones de estos "virtuosos", sorprendidos por su pluma en los muelles de Cincinnati.
            En el curso de nuestras investigaciones en el campo de la etnomusicología, hemos tenido la fortuna de hallar un documento del más alto interés musicológico, hasta ahora no mencionado por ningún estudioso, y al que nos referimos en nuestro último libro, titulado La música afro norteamericana. Se trata de la narración del escritor y botánico, Henry William Ravenal (1814-1887), en la que describe una Navidad en las plantaciones del sur de los Estados Unidos. Al respecto, dice:
            "La música, ¡sombra de Paganini! ¿Cómo hacerle justicia? Si la admiración y el aplauso pueden considerarse índices del éxito, el héroe del día era el fiddler, y merecía honestamente los honores que se le tributaban. Hasta la casa lo escoltaba un grupo de muchachos admiradores, entre las risas aprobadoras de quienes él más valoraba." (Recordemos, de paso, que la llamada second line o segunda fila, integrada por jóvenes admiradores de los músicos, hacían lo propio con las brass bands en la Nueva Orleáns finisecular, y alrededor de los tambores, en los candomblés afrobrasileños de Bahía, siempre hay una serie de niños que observan, absortos el quehacer artístico de ejecutantes que maravillan con sus proezas rítmicas, polirrítmicas y tímbricas.)
            "Si por el exceso de trabajo, el fiddler rompía las cuerdas, y no tenía otras a mano -continúa el mencionado escritor y hombre de ciencia- unas hebras de seda ponían, de nuevo, su instrumento en marcha. Si el arco no cumplía adecuadamente su función, y no había resina a mano, la goma de una antorcha de pino servía igualmente bien.
            "Como digo, el fiddler era un músico de primer orden, y, por consiguiente, se lo respetaba (...). A menudo cantaba el refrain en unas pocas palabras, conservando la armonía y el tempo de la melodía"-concluye el autor de este relato, traducido aquí solo parcialmente, y que arroja un potente haz de luz sobre oscuros aspectos de la música afroamericana.
            Con el correr del tiempo, la tradición de los violinistas negros no ha fenecido. En los minstrel shows o espectáculos de menestrales, este miembro organográfico era infaltable, al lado del banjo, de la pandereta y los bones. Además, en torno del violín se generó un tipo de organismo que, en el sur de los Estados Unidos, pervive hasta la hora actual: la string band u orquesta de cuerda, integrada por uno o dos violines, banjo, guitarra, mandolina y contrabajo.
            Estos músicos folklóricos, que nunca han oído hablar de Paganini, ni saben cuántas son las posiciones del violín, colocan el instrumento en forma vertical, contra el pecho. Utilizan posiciones falsas e incurren en todos los vicios que los conservatorios tratan de extirpar. Pero conocen en profundidad el secreto para trocar los defectos técnicos en artísticas virtudes. Y han creado todo un jugo so repertorio que es clásico, y entre cuyas páginas figuran piezas como Ida Red, Chinese Rag, If the River Was Whiskey, Cold Iron Bed y Nine Hundred Miles, que ya está en el plato giratorio del "control".
            Si se tiene en cuenta la tradición a que nos hemos referido, no puede llamar la atención el hecho de que, en todos los tipos de orquesta negra, el violín haya sido siempre un miembro/organográfico cuya presencia se ha dilatado a través del tiempo. En los conjuntos integrados por jugs o potes, washboards o tablas de lavar metálicas, banjo y otros instrumentos nacidos en el ámbito de la cultura folk, a los que se denomina skiffle o spasm bands, el instrumento de Paganini es poco menos que infaltable.
            Resulta altamente sugestivo el hecho de que en el tipo de organismo que acabamos de escuchar, el violín ha encontrado un sitio en el escalonamiento armónico que le permite un singular rendimiento, tanto como solista cuanto como miembro del ensemble, pues se lo ubica, con rara inteligencia, en las improvisaciones de tres partes, como colaborador, a veces, de un saxófono alto, de un C melody o melódico en Do -que suelen oficiar de cornetas- y un jug grave, que cumple la función del trombón. En esta especie de conjunto, el miembro organográfico que nos ocupa resulta irreemplazable.
            Comprobaremos lo dicho respecto de la improvisación, o de la ejecución tripartita esta vez a cargo del trombón con sordina de fibra, la guitarra colocada en la front line y el violín oficiando de clarinete-, a través de la versión de Shoe-String, en manos del tan famoso como raro conjunto de Clifford Hayes: Hayes (violin), Hess Grundy (trombón), Earl Hines (piano) y el guitarrista Carl Smith, quien no merece el anonimato en que yace su nombre.
            Los cancionistas de blues tampoco despreciaron al violfn. Ora lo utilizan para subrayar la faz melódica de la página; ora con el fin de llevar el efecto de contraste, o dibujar tímidas improvisaciones.
            Bessie Smith nos trae el ejemplo requerido. Se trata de Hateful Blues, vieja grabación no reeditada, y que tiene exactamente cuarenta años. El violinista es Robert Robbins. Al piano sentó se Irving Johns.
            Durante algún tiempo, el violín se conservó en las orquestas de jazz gracias a la tradición de los conjuntos de que hemos hablado y como un vestigio de los organismos de cuerda, de tipo europeo, que precedieron a los sincopados en los sitios de esparcimiento. Fue así como, entre otros grupos, la Original Superior Orchestra contó con la colaboración de Peter Bocage, luego destacado cornetista. Además, el violinista era, por lo general, como el pianista, el músico de formación "académica", el que conocía la solfa y, por consiguiente, el que aprendía las nuevas melodías y las enseñaba a sus compañeros. Sin embargo, evidente resulta que este instrumento no es un miembro organográfico susceptible de ajustarse al lenguaje del jazz. Es esencialmente melifluo; a perfección se adapta para "cantar" melodías. Por eso acusa tanto predicamento en la música "artística", en cuyo seno se lo utiliza en número de hasta treinta y dos. Mas, puesto a crear espontáneamente en el lenguaje del jazz, sus posibilidades son exiguas, en particular por su inadaptación tímbrica, por su falta de recursos para lograr el timbre vocal que caracteriza al género. Además, el escaso campo que abarca en materia de intensidad, al lado de la trompeta, del trombón y aun del clarinete, lo coloca en situación de desventaja. Por otra parte, es muy difícil, si no imposible, de ser integrado en el cuerpo sonoro de la orquesta sincopada. De ahí que, generalmente, se limite al papel de solista.
            Es lo que ocurre en la grabación que ya sale al aire, a cargo de la orquesta de Earl Hines. La página se titula Caverniam y el solista es Danell Howard.
            El paso de la escuela de los country fiddlers, de los violinistas folklóricos o "primitivos", al territorio del jazz, fue un lento, un dilatado, un laborioso paso, así como un paso débilmente asentado en la base del jazz. Lo demuestra cabalmente el disco que se radia continuación. Es
            Frog Hop, sobre las armonías del Tiger Rag, en versión de los músicos ya mencionados y reunidos en torno del violinista Clifford Hayes.
            Si bien el jazz clásico se basta y se sobra con seis o siete instrumentos, en el camino de su evolución, la música sincopada ha recogido e incorporado a su cuerpo organográfico los más diversos miembros del instrumental europeo, inclusive algunos de tan poca adaptación a su timbre y a su fraseo como el vibráfono y el xilófono. Sin embargo, sintomático resulta que el violín, a pesar de la dilatada tradición que lo respalda en el mundo de la música afroamericana y de que muchos pioneros, como Freddie Keppard, Ledn Rappolo y Darnel Howard, se iniciaron en este instrumento, no ha logrado adaptarse plenamente a su lenguaje. Y su presencia, rompe a menudo la unidad de las versiones, tal como puede apreciarse en Ain't Misbehavin', de Louis Armstrong, con Carroll Dickerson como solista."

            Ortíz Oderigo, Néstor
            AR ABIBUNTREF C.BP-ORT-2-1-000553 · Unidad documental simple · 1912 - 1996
            Parte de Fondo Néstor Ortíz Oderigo

            Guion para el programa radial "Meridiano del jazz", transmitido el sábado 1º de agosto de 1964 a las 10:10 horas. La primer foja muestra la lista de los discos emitidos al aire ese día.
            Se comparte el texto de la disertación preparada por Néstor Ortíz Oderigo, que se encuentra a partir de la segunda hoja, en el PDF de este registro:
            "Si echamos una mirada al panorama de la historia de la organografía jazzística y de sus diversos cultivadores, encontraremos de cenas de instrumentistas de talento, pero no hallaremos un solo violinista que satisfaga plenamente; que haya logrado imprimir a su discurso genuinos armónicos; que haya podido equiparar su idioma, en todos sus elementos, al de los de-
            más miembros organográficos, y cuyo timbre, o cuyo fraseo, sean realmente los que exige el jazz.
            En algunos de ellos, la técnica de la música "artística" hace su potente irrupción y ahoga hasta los últimos efluvios folklóricos que palpitan en otros instrumentos del organismo jazzístico, y en los cuales la música sincopada busca la savia que la alimenta y le brinda su eterna frescura y su dinamismo, así como le evita la esterilidad y la aridez.
            Artista dotado de un generoso margen de recursos técnicos, de arco plenamente seguro, aun en los pasajes de más endiablada bravura, Joe Venuti es un ejemplo de lo dicho. Penetró verticalmente el mecanismo violinístico; lo dominó por dentro y por fuera; investigó su anverso y su reverse. Y ago- tó, prácticamente, las posibilidades que le brinda su instrumento, inclusive los efectos de "arco polifónico", gracias a los cuales el violín puede sonar como una armónica o como un blue blowing. Pero, al oponerse a la tradición afro norteamericana y persistir en reiterados clisés y en pirotecnia violinística huida de algún libro de ejercicios, se vacían de contenido sus soli, en los que, no obstante, suelen encenderse chispazos de talento, y en los cuales obtiene un ataque como pocos logran en su instrumento. Por otra parte, su fraseo hállase tan divorciado del que requiere el jazz como lo puede estar el de cualquier cultor de la música "erudita", y a menudo su discurso está salpicado de citas textuales de Debussy, cuando no de Puccini y de Verdi. Sin embargo, durante largo tiempo, su fama alcanzó una curva tan elevada que, hablar del violín en el jazz, era como mencionar el nombre de este artista.
            Vamos a escuchar a Venuti a través de la grabación de Stringing the Blues, que no es sino el Tiger Rag. Lo secunda su inseparable compañero, Eddie Lang, cuya guitarra está hoy enmudecida.
            En otros violinistas, el influjo de la técnica gitana impregna su lenguaje y le escamotea el estilo, el timbre y el fraseo que requiere el jazz, y lo sume en un territorio híbrido que, en última instancia, podrá resultar estéticamente agradable, o técnicamente atrayente, pero que, como expresión de jazz, no puede tomarse en serio.
            Ejemplo de lo dicho son las versiones de Stephane Grappelly, de quien ya sale al aire Djangology.
            Hemos dicho en nuestra emisión del sábado último que el violín no ha alcanzado la tesitura de asimilación del lenguaje jazzístico conquista- do por otros instrumentos. La aseveración no implica, en forma alguna, que en la música sincopada no se hayan destacado algunos cultivadores de este instrumento, aún en la actualidad. Hay varios violinistas de jazz. Sin embargo, evidente resulta que no han conquistado tanta nombradía como sus colegas que se expresan a través de otros miembros organográficos del género, quizá por la propia naturaleza del instrumento, cuyo lenguaje, reiterémoslo, es muy difícil, si no imposible, de ser consubstanciado con el del arte hot.

            Darnell Howard ha sido uno de los primeros cultores de este instrumento, cuyo nombre saltó a primera fila del jazz. Lo hizo durante el decenio de 1920. Hoy es uno de los más señeros clarinetistas de la clásica escuela de Luisiana, y los discos grabados durante su permanencia en la orquesta de Kid Ory, han quedado como fieles testimonios del dilatado alcance de su voz en el concierto del jazz. Pero también destaca su perfil como uno de los violinistas que más han logrado aproximar su léxico al idioma del arte de las sincopas, al que aporta un ataque másculo y preciso, una generosa fluidez melódica y un discurso en el que se advierte, sin esfuerzo, el deseo de hufr de los timbres esencialmente melódicos, cantabiles, para refugiarse en los sonidos cortantes y enérgicos que caracterizan a la especie musical en que fijamos nuestra mirada. Además, en sus interpretaciones hay espontaneidad y brio convincentes.
            En nuestra audición anterior, una página de este músico ilustró el papel de solista que se le asigna al violín cuando aparece en el jazz. Oigámoslo ahora en uno de sus mejores momentos, captado con el organismo de Junie C. Cobb, conjunto en el que la crítica extranjera no ha reparado, quizá porque sus discos son bastante esotéricos. La página se titula Shake That Jelly Roll. Se escuchan aquí dos violines; el primero es Darnell Howard.
            En Chicago, donde actuó durante dilatados años, Darnell Howard tuvo diversos alumnos que siguieron sus huellas violinísticas. Uno de los de mayor aliento ha sido Eddie South, quizá el instrumentista de esta cuerda técnicamente mejor dotado del jazz. Por otra parte, así como recibió el influjo de Howard, irradio su influencia a casi todos los violinistas que lo siguieron en el orden cronológico. Dueño de un sonido depurado y de un "color" sumamente bello, así como firme en todas sus gradaciones, no hay dificultad en el lenguaje de su instrumento que no pueda vencer sin esfuerzo aparente. Soli en la prima, efectos de dupla corda, golpes de arco, pizzicati: todo lo realiza en forma impecable. Pero Eddie South es un violinista "de conservatorio", que ha llevado el instrumento de Sarasate al seno del jazz, pero que no ha podido adaptar por completo sus posibilidades a las necesidades del lenguaje musical de Buddy Bolden.
            Recurramos al disco fono eléctrico para tener una impresión del estilo de South. Gotta Go es, quizá, una de las realizaciones mejor logradas por este artista, cuya voz es, además, la primera que se oye entonando el refrain. De su desempeño en este terreno es mejor no hablar.
            A pesar del elemento "humorístico" que tuvo que introducir en sus versiones para poder llegar con su música a grandes sectores de público, Stuff Smith es un artista de innegables dotes. Sus ejecuciones sobrenadan por el vigor, por el ataque “duro” con el que interpreta y el timbre acre y mordaz que suele introducir, valiéndose de un amplificador eléctrico. Pero sus improvisaciones son erráticas, desordenadas, y a menudo faltas de continuidad por la introducción de frases "retorcidas" o screwy, como dicen los negros. Sin embargo, es un virtuoso capaz de esgrimir recursos técnicos interminables y de muy buena ley. Y estamos seguros de que si el jazz no hubiera sido considerado música ficta en su época, por lo que se vio obligado a introducir efectos "humorísticos" en sus versiones, Stuff Smith habría llegado a ser el mayor violinista de jazz de cualquier tiempo.
            De este artista se radia It Ain't Right, grabado al frente de su orquesta.

            Ray Nance, trompetista y cantante que actuó en las orquestas de Earl Hines y Horace Henderson, y trabaja en la actualidad en la de Duke Ellington, es asimismo un violinista de fuste. Como Stuff Smith, en sus versiones suele asomar el elemento de minstrel show. Pero su estilo recoge lo mejor de Eddie South y lo más valioso de Darnell Howard, Y es, como ellos, y como Stuff Smith, un técnico para quien el violín no aloja secretos. A fondo conoce las distintas posiciones y puede lograr un sonido "legítimo" en todos los registros. Desde el punto de mira jazzístico, adolece de los mismos defectos de todos sus colegas, defectos que anidan en el seno de las propias posibilidades del instrumento.
            De lo más jazzístico de Ray Nance es The C Jam Blues, que se radia en versión de Duke Ellington.
            Podemos preguntarnos, por fin, qué ha sido del violín en el jazz de tendencia "ultraísta". ¿Ha muerto? No; pervive. Y tiene varios representantes. Uno de ellos es Sam Kaplan. Lo oiremos como concertino, o sea como primer violín del conjunto de que secunda a Charlie Parker en Summertime. No se sorprenda el oyente por el acompañamiento escogido por el saxofonista mencionado, pues Charlie Parker, como Aaron Copland, Charles Ives y otros músicos, experimentaba particular inclinación hacia los organismos instrumentales más heterogéneos, desde los de la música hillbilly hasta las bandas de pueblo, pasando por los conjuntos en que la cuerda predomina."

            Ortíz Oderigo, Néstor
            [Música popular de América Latina]
            AR ABIBUNTREF C.BA-ARE-2-5-2-CAA-000010 · Unidad documental compuesta
            Parte de Fondo Isabel Aretz

            El PDF muestra el carrete plástico de la cinta abierta de audio. La sigue la imagen de la tapa de la caja, con la marca del producto. En el perfil, aparece una etiqueta donde se lee: “293” y en la tapa trasera se detalla el contenido, del que se transcribe el texto manuscrito (con algunos faltantes, donde no se entiende la caligrafía):
            "1981
            Música popular de América Latina:

            1. Comienzos del Jazz Luis Armstrong 1º Ita Saint Louis Blues
            2. Balada "Take me home" John Denver
            3. Zapateado Mex. Arpa, jarana, quit.
            4. La Bamba Mex. Son Jarocho Arpa, jarana, guitarrón
            5. Gaita "Caracas" Conjunto Rincón Morales
            6. Seis Mariandá Pto. Rico quit., bajo, (síncopa) tres charrasca,
            7. Plena Pto Rico (…) calypso, acordeón
            8. Quaracha (moderna) Puerto Rico
            9. Danzón Cuba
            10. Son “De dónde son los cantantes”
            11. Bolero “En el tronco de un árbol”
            12. Pregón “Frutas del…”
            13. Bambuco
            14. Danza" Madeja de luna " Piano, Oriol Rangel
              15 Pasillo
            15. Tango A. Ramirez
            16. Milonga "Zapatitos de raso
            17. El choclo A. Discépolo Org.
            18. Tango Criollo 1896
              El Talar. Ej. A. Ramirez y su conj."
            Silueta de la milonga
            AR ABIBUNTREF C.BP-ORT-1-1-000097 · Unidad documental simple · 1912 - 1996
            Parte de Fondo Néstor Ortíz Oderigo

            El PDF consta de texto mecanografiado y una nota manuscrita (que se observa al final de mismo). Analiza la evolución de la milonga, al amparo del candombe, sus vinculaciones con la música afroamericana, gracias a negros, mulatos y blancos (lo que “la sometieron” a toda clase de variantes). Durante la década de 1920, se dio el nacimiento de esta especie sonora de movimiento repetitivo.
            Se hace la diferenciación entre la milonga escrita y la previa, que interpretaban los músicos en los tambos o “bailongos”. Por ello, se menciona que sufrió el mismo proceso que el baiao brasileño o la cumbia afropanameña y afrocolombiana.
            El texto se divide en:
            1-Planteo del problema
            2-Africanismo
            3-Cantos irónicos
            4-Milonga y “Negro Spiritual”
            5-Popularidad de esta especie
            6-El vocablo “milonga”
            7-Conclusión
            Se hacen citas y menciones a libros y autores, así como se transcriben algunas cuartetas cantadas en el Siglo XIX, provenientes de un danzón afrocubano.

            Ortíz Oderigo, Néstor
            Sonny Terry's whasboard band
            AR ABIBUNTREF C.BP-ORT-1-2-000339-A · Unidad documental simple · 1912 - 1996
            Parte de Fondo Néstor Ortíz Oderigo

            Se trata de un álbum cancionero (FP 6) editado en 1954 por Folkways records, de New York. Está compuesto por dos hojas dobladas al medio que forman cuadernillos (que tenían 2 ganchos metálicos retirados por su oxidación). Son 8 páginas, contando tapa y contratapa. Contiene notas realizadas por Harold Courlander, fotografías de Moses Asch y las listas de temas interpretados por la banda.

            Ortíz Oderigo, Néstor