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            AR ABIBUNTREF B.BC-ARI-2-8-000624 · Unidad documental simple
            Parte de Fondo Rodolfo Arizaga

            El PDF se compone de dos artículos escritos por Arizaga, siendo ambos, reseñas de discos. La primera se titula “¿Qué puedo decirle?” y corresponde al disco “Falstaff (opera completa) por Giuseppe Verdi” (RCA Victor LSC 6163 Stereo). El título hace referencia a una carta que envió Verdi al marqués Gino Monaldi que comienza con “¿Qué puedo decirle?” para luego continuar mostrando su deseo de escribir una ópera cómica la cual terminaría siendo la ópera que compone el disco reseñado.
            La versión presentada de RCA fue realizada en los “ultramodernos” estudios en las afueras de Roma, con Georg Solti dirigiendo una orquesta, un coro y diez solistas que incluyen al barítono galés Geraint Evans.
            La segunda reseña lleva el nombre “La nostalgia del Duque” y es acerca del disco “Lagrime d´amante al sepolcro dell´amata, por Claudio Monteverdi” (Qualiton CM 1018). La obra se trata de un encargo por parte del Duque Vicenzo de Mantua quien buscaba exaltar las virtudes de la soprano Caterinuccia Martinelli, quien había fallecido a la edad de 18 años a causa de la viruela, y se compone de seis madrigales. La versión presentada en el disco incluye al Coro de Cámara del Collegium Musicum de Buenos Aires, la dirección de Juan Schultis y fue grabada en una sala del Instituto Bernasooni.
            El recorte es una separata de la revista Primera Plana del 19 de abril de 1966. Está foliado por el propio autor con el número 70 en rojo.

            Arizaga, Rodolfo
            [¿Qué fue tanta invención]
            AR ABIBUNTREF B.BC-ARI-2-8-000608 · Unidad documental simple
            Parte de Fondo Rodolfo Arizaga

            El recorte cuenta con dos notas escritas por Arizaga. La primera lleva el nombre de “¿Qué fue de tanta invención…?”. Trata sobre unos músicos norteamericanos llamados “Pro Música”, dirigidos por Noah Greenberg, quienes desde 1952 homenajean la música de la Edad Media y el Renacimiento, hasta los albores del barroco, Schutz y Monteverdi. Se presentaron, la semana anterior a la publicación de la nota, en Buenos Aires, primero en el Museo de Arte Decorativo y luego en el Colón. Los escritos de esa época son complicados de interpretar ya que carecen de detalles tales como cantidad de voces, matices, tempi, dinámica y tipo de instrumento, es gracias a Greenberg y sus compañeros que se pueden rescatar las partituras.
            La segunda, es una reseña del disco “Conciertos para piano y orquesta de Edward Grieg y Robert Schumann, por Dinu Lipati (CBS 4369)”, que se presentó en Buenos Aires, y está titulada “Mientras yo agonizo”. El título hace referencia a que el disco debió ser grabado mientras Dinu Lipati, uno de los mayores pianistas del siglo, agonizaba. Con tan solo 33 años fue desahuciado por los médicos, que no le dieron más de algunas semanas de vida. Por tal situación la grabadora Pathé Marconi tomó una decisión casi inhumana, conseguir que Lipati destinase los días que le quedaban a grabar, prácticamente sin pausas, lo cual se realizó en los estudios de Radio Ginebra. El disco, entonces, cuenta con el aporte orquestal junto a interpretaciones de Alceo Galliera y Herbert Von Karajan.
            El recorte es una separata de la revista Primera Plana del 27 de julio de 1965. Está foliado por el propio autor con el número 54 en rojo.

            Arizaga, Rodolfo
            AR ABIBUNTREF B.BC-MEM-7-1-000108 · Unidad documental simple · 1948
            Parte de Colección Memoria Histórica UNTREF

            Se trata de un libro de texto (con sellos previos y de expurgo), de un grupo de títulos conformado por 25 ejemplares recibidos en donación, los cuales se utilizaban para la enseñanza de la música en escuelas de nivel medio (secundario).
            Este volumen, escrito por Frances Wolf y editado por Ricordi, es el tomo 1 (14a. edición).

            [Webern: Donde mueren las palabras]
            AR ABIBUNTREF B.BC-ARI-2-8-000609 · Unidad documental simple
            Parte de Fondo Rodolfo Arizaga

            El recorte tiene dos notas escritas por Rodolfo Arizaga. La primera se llama “Webern: donde mueren las palabras” y trata sobre el compositor austríaco Anton Webern. Su trabajo se caracterizó por ser breve en comparación a lo que estaba desarrollando en el post romanticismo. Tras veinte años de su muerte, fue homenajeado en Salzburgo con tres conciertos consecutivos de sus obras. El título hace referencia a que para acortar sus obras, Webern hacía uso hasta de los silencios.
            La segunda nota es una reseña del disco “Sinfonías completas, por Wolfgang Amadeus Mozart (volúmenes I al IV, Westminster C1-17861/64)” y está titulado como “El amado de los dioses”. El disco contiene 17 sinfonías de Mozart que se sospecha fueron “intervenidas” por su padre, quien también fue compositor. Al frente de estos volúmenes, se encuentra Erich Leinsdorf como conductor de la Sinfo-Filarmónica de Londres, logrando, según Arizaga, cumplir con la interpretación de la exaltación y espléndida tristeza de Mozart.
            El recorte es una separata de la revista Primera Plana del 24 de agosto de 1965. Está foliado por el propio autor con el número 55 en rojo.

            Arizaga, Rodolfo
            AR ABIBUNTREF C.BP-ORT-2-1-000644 · Unidad documental simple
            Parte de Fondo Néstor Ortíz Oderigo

            El texto mecanografiado que presenta el PDF, es un guion para un programa radial de la emisión del día 18 de enero de 1964. La primer hoja está cortada y pegada con cinta adhesiva (que se retira tras el escaneado por conservación del papel), a modo de edición del texto. Tiene nota manuscrita en tinta rosa y otra en verde.
            Hasta la marca del primer disco, se lee:
            "Guion para el programa radial "Meridiano del jazz", transmitido el domingo 7 de marzo de 1965 a las 13: horas. La primer foja muestra la lista de los discos emitidos al aire ese día.
            Se comparte el texto de la disertación preparada por Néstor Ortíz Oderigo, que se encuentra a partir de la segunda hoja, en el PDF de este registro:
            En Cuba, por ejemplo, la música negra puede ser de origen congoleño, de fuente yoruba o de matriz ewe. El Brasil tiene música negra ijesha, ewe-yoruba, congoleña y angoleña. Y hasta en nuestro país la música negra no provenía de una sola zona africana. En nuestras investigaciones hemos llegado a la conclusión de que hubo ritmos de candombe de origen magi y de origen mayombe. Porque, así como en el continente africano no se habla un solo idioma, ni idéntico dialecto, tampoco se canta o ejecutan instrumentos musicales en una misma forma.
            En algunas regiones de América, donde los negros lograron su libertad después de arduas, prolongadas y sangrientas luchas, como en Haiti y la Guayana holandesa, o donde la "linea de color", el prejuicio étnico, no ha existido, o se ha hecho sentir con muy poca intensidad, se han copao bado africanismos o sobrevivencias africanas más puros que en el propio continente de ébano.
            Por nuestra parte, en Bahía (Brasil) nos ha sido posible registrar patrones culturales genuinamente africanos en los candomblés, donde la música, los instrumentos, la indumentaria, los rituales, las comidas y hasta el idioma son una mezcla de culturas africanas de tan alta jerarquía como la gegé y la nagó, es decir, le dahomeyana y la yoruba.
            Desde luego que no toda la música negra se mantuvo "pura" en nuestro continente. Las corrientes musicales euroamericanas, como es lógico, gravitaron en medida considerable, de acuerdo con el grado de contactos establecidos entre blancos y negros. En estas confluencias musicales, coreográficas y organográficas, así como en las confluencias culturales en general, el negro aceptó e hizo suyos los elementos que más se aproximaban a las características de su música, de su coreografía y de su organografía, y rechazó los rasgos que no se adaptaban a sus necesidades expresivas. En esta forma, su lenguaje musical pudo conservar la vigencia y la intensidad que hasta hoy mantiene en los focos más importantes del arte sonoro de regente de color de nuestro continente."

            Ortíz Oderigo, Néstor
            AR ABIBUNTREF C.BP-ORT-2-1-000633 · Unidad documental simple
            Parte de Fondo Néstor Ortíz Oderigo

            El texto mecanografiado que presenta el PDF, es un guion para un programa radial de la emisión del día: 6 de junio de 1965. Tiene notas en letra manuscrita roja (en el título): "Danza". Y otras en azul en los párrafos que siguen.
            Se transcribe la primera foja. La segunda no se encuentra con el grupo documental, por lo que sigue en la número 3 con: "Recursos de la Danza")
            "De las islas Bahamas nos llegan estos ritmos de danza de los negros. Porque a la danza afroamericana está consagrada nuestra emisión de hoy.
            Las distintas potencias que ejercían el "comercio de ébano" y efectuaban incursiones en el continente de Cam, en busca de la preciada "mercadería”, los portugueses, no prodigaban a los esclavos idéntico tratamiento. Los franceses y los españoles, y en particular estos últimos, eran tan rígidos como sus colegas holandeses, británicos, daneses o norteamericanos, pero les dejaban la libertad de llevar a cabo sus "bailes de tambor", como dicen bien claramente les "reales cédulas" que poseemos en nuestra colección de africanística. Por consiguiente, en los países americanos que estuvieron bajo el dominio de esas tres naciones, la música, los cantos y las ejecuciones instrumentales de los negros, conservaron un grado de puridad africana muchas veces superior al observado en algunas zonas del propio continente de origen de dichas expresiones.
            Desde luego que, en este sentido, influyó también, y en medida realmente notable, el hecho de que, juntamente con la libertad para danzar, entonar cantos y tañer instrumentos musicales, al negro le fue posible conservar sus patrones religiosos, merced al mecanismo de sinéresis de los..."

            Ortíz Oderigo, Néstor
            AR ABIBUNTREF C.BP-ORT-2-1-000652 · Unidad documental simple
            Parte de Fondo Néstor Ortíz Oderigo

            El texto mecanografiado que presenta el PDF, es un guion para el primer programa radial con este título. Emisión del día 4 de enero de 1964. Tiene nota manuscrita en tinta rosa y otra en verde.
            Se transcriben las primeras 9 fojas con la disertación de
            Néstor Ortíz Oderigo:
            "Estos plurales y enigmáticos sones de tambores africanos que son a la vez la columna vertebral, el corazón, el cerebro, el espíritu y la voz del viejo y sufrido continente que hoy levanta cabeza, después de siglos de sojuzgamiento, y se halla en plena efervescencia política, social, cultural y económica cobijarán al nuevo ciclo que hoy iniciamos y que se trasmitirá todos los sábados a esta misma hora, con una duración de noventa minutos.
            Titulado Visión de la música negra, su desarrollo nos desplazará a través de los más complejos vericuetos del arte sonoro generado por los negros en todos los tiempos, en todas las latitudes y dentro de los más diversos estilos y proyecciones musicales.
            La música negra de ayer y la música negra de hoy; la música negra del África y la música negra de los diversos países de América, sin excluir el Río de la Plata; la música negra litúrgica y la música negra secular; la música negra que hace marco a todos los hechos cotidiano s de la vida, trascendentales e intrascendentes, y la música negra encargada de cerrar los ojos de los muertos: todo ello nos brindará tema para nuestras emisiones.
            Desde luego que tampoco estarán ausentes las audiciones consagradas a los voceros de esta música: los curiosos y ricos instrumentos de la música africana y del arte sonoro afroamericano, territorio en el que África solo va a la zaga del Asia, que es el continente que mayor número de miembros ha aportado a la organografía. Tampoco quedarán fuera del marco de nuestro ciclo los grandes músicos de las más diversas corrientes estéticas, aunque daremos preferencia, por cierto, a los cultores del folklore o de las tendencias folklóricas, entre los que cuentan por decenas los artistas que se han hecho acreedores de la más seria atención, pero que, por motivos inexplicables, permanecen sumidos en la nebulosa del anonimato, a pesar de que es evidente que, durante estos últimos tiempos, algunos de ellos han salido a la superficie, como el nigeriano Olatunjie, quien, luego de dos décadas de permanencia en los Estados Unidos, fue "descubierto" por las compañías fonográficas y grabada parte de su opulenta y curiosa producción.
            Pero no extendamos demasiado nuestro exordio. En radiofonía, los minutos son preciados. Entremos, pues, en el mundo maravillo so de la música negra, por la puerta de nuestro tema de hoy, que girará en torno del "descubrimiento" del arte sonoro de la gente de color, de sus proyecciones y avatares.
            Es creencia muy generalizada, aun entre quienes debieran estar mejor informados, que la historia de la difusión de la música negra no va más allá de mediados del siglo anterior, cuando empiezan a desplazar se por el mundo los negro spirituals, que, durante dilatados años, quizá desde el preciso instante en que el hombre de color piso tierra norteamericana, se entonaban en las plantaciones, en las cabañas, en las pequeñas iglesias del sur de los Estados Unidos, antes de que el público o los estudiosos repararan en estas ricas manifestaciones del folklore.
            Solo después de la guerra de Secesión fueron estas canciones "descubiertas". Lucy McKim Garrison fue el primer estudio so que reparó en esta especie musical. En 1862, en un artículo que ya es clásico, insertó dos de estas canciones. Una de ellas era Roll, Jordan, Roll (Ondea, Jordán, ondea).
            Grabado por el conjunto de The Southernaires, escucharemos esta bella página de la música litúrgica afronorteamericana.
            CONTROL: DISCO F9 1.
            El primer intento amplio y serio de recopilar y analizar en profundidad los negro spirituals tuvo que aguardar cinco años más, hasta 1867. Fue entonces cuando vio la luz el libro que inicia la hoy generosa bibliografía de esta importante rama de la música negra. Hablamos de la obra titulada Cantos de esclavos de los Estados Unidos. En ella figuran piezas tales como Daniel, You Rock When I Rock y Go Down, Moses, que oiremos en versión fonográfica del coro de John Payne.
            CONTROL: DISCO NO 1 Bis.
            Los aportes bibliográficos citados no significan el "descubrimiento" de la música negra, como por ahí se ha escrito, sino de una faceta de ella: la música litúrgica de la Unión. Porque las dilatadas y potentes raíces de la historia del arte sonoro de origen africano, en un sentido universal, se desplazan muy lejos en el tiempo y en el espacio.
            Corría el siglo XIV cuando el viajero árabe Ibn Batouta, doctor en Derecho y Teología en la Universidad de Túnez, visitó Abisinia y el Sudán. Y en un libro de viajes por Asia y el África, publicado en el año 1354 y varias veces reeditado por su importancia, describe con bastante amplitud diversos instrumentos de la organografía de los negros de esta última zona africana.
            A esta descripción de la organografía africana siguen muchas otras y el tema se amplía a la danza y a la música, inclusive un relato efectuado por Vasco de Gama.
            Pero quizá mucho más importante, por los instrumentos musicales que allí se describen y que han llegado hasta nuestros días, es la obra rotulada Historia de Etiopía oriental, publicada en 1609 con el auspicio del convento de Dominicanos de la ciudad portuguesa de Evora. Firmada por el padre Joao dos Santos, allí encontramos una amplia y minuciosa reseña de diversos miembros órgano gráficos empleados por los cafres, entre ellos el llamado balafón, cuya correcta denominación es la de marimba y que aparece en distintas zonas del África con los nombres más diversos.
            De acuerdo con la clasificación de los musicólogos Erich M. von Horbostel y Curt Sachs, adoptada por la musicología científica, la marimba pertenece al género de los instrumentos idiófonos de percusión, Este miembro órgano gráfico, del que deriva el xilófono, se construía con una serie de varillas de madera, debajo de cada una de las cuales se colocaban sendas calabazas a manera de cajas de resonancia, aunque en su forma más "primitiva" carecía de resonadores. En la actualidad se fabrica con varillas de palo de rosa y resonadores tubulares de metal. Su ejecución se realiza merced a dos o cuatro palillos, macillos o baquetas, y es frecuente que esté a cargo de más de un instrumentista.
            Las zonas del Congo y de Uganda son, tradicionalmente, las zonas africanas en que florecieron los más fabulosos ejecutantes de marimba, desde la época de los primeros navegantes hasta nuestros días. A continuación escucharemos una grabación captada en Kigumba Gombola, una aldea de Uganda, en la que tres ejecutantes percuten una marimba. El efecto es de una riqueza rítmica, melódica y tímbrica extraordinaria.
            CONTROL: DISCO N° 2.
            La marimba ha ejercido una singular influencia en toda la música negra del Nuevo Mundo, desde el Canadá hasta el Río de la Plata. En este sentido, interesante resulta señalar que en Guatemala es el instrumento nacional, y hasta se lo ha considerado, desde luego que erróneamente, un miembro organográfico originario de esas latitudes. La Argentina, que recibió influjos negros provenientes de la zona de los bantúes, observó la presencia de este instrumento. Y tanto Sarmiento como Ramos Mejía y otros autores que se han referido a las fiestas de los negros en nuestro medio, no han dejado de hablar de la marimba. Por otra parte, desaparecido este instrumento en algunos países de América, como los Estados Unidos, donde su ausencia se registra desde fines del siglo pasado, queda la gravitación de sus ritmos y de sus timbres, así como de la forma de canon que se observa en la música africana creada para este instrumento. Y quien escuche el arte sonoro creado en el África por los ejecutantes de marimba y la auténtica música del boogie woogie, generada por sus mejores cultores afronorteamericanos, no deberá esforzarse mucho para advertir las enormes similitudes que se observan entre ambos géneros.
            Compro baremos lo dicho mediante un disco registrado por dos gran- des maestros del boogie woogie: Pete Johnson y Albert Ammons, que se unieron en el dúo titulado Movin' the Boogie (Movimiento de boogie).
            CONTROL: DISCO No 3.
            A través de los documentos mencionados comprobamos, una vez más, que la música negra no es un fenómeno exclusivo de nuestro tiempo, como se supone comúnmente al vincularla con el "modernismo", con la histeria de la primera posguerra y con la era mecánica y precipitada en que vivimos. Porque los primeros destellos de su historia escrita nos hacen dar un salto en el tiempo de por lo menos seis siglos. Es decir, nos colocan en una época anterior al establecimiento "oficial" del "comercio de ébano" en más de un país de América.
            CONTROL: DISCO NO 3 Bis.
            Lo más interesante en el campo de que hablamos es comprobar que, desde el año 1530, numerosos viajeros que surcaron el territorio del Brasil no dejaron de reparar en las expresiones musicales de los negros. Por otra parte, abundan las crónicas de jadas como fuentes documentales de singular relieve para la investigación en el terreno etnomusicológico. Y todos los autores no dejan de referirse a la música, a las danzas y a los instrumentos musicales, triángulo que siempre enmarca todas las actividades de la gente de color.
            CONTROL: DISCO NO 4.
            Necesario es mencionar, entre los documentos a que nos referimos, una obra muy conocida en el ámbito etnográfico y etnomusicológico, pues describe la música tak tupf y se refiere a un instrumento que acompaña siempre a los negros: la maraca. Es Historia de un viaje a la tierra del Brasil, que data de 1575 y suscribe Jean de Léry.
            Singular importancia hay que asignar también a otra fuente bibliográfica que nos informa acerca del "descubrimiento" de la música negra. Hablamos del libro de Jean Baptiste Debret, titulado Viaje pintoresco e histórico al Brasil, publicado en el año 1835.
            En las páginas de esta obra hallamos descripciones de instrumentos, referencias al "trovador negro" que canta secundado por el berimbau y a las danzas negras. Y en sus páginas hemos descubierto un dato del más alto interés y que, hasta ahora, nadie ha mencionado. En efecto, con respecto al ritmo de la música, anota que los negros lo marcaban con "dos tiempos precipitados y uno lento ". Es decir, es el conocido ritmo del baión, que recorrió el mundo al amparo del gran músico afro brasileño Luiz Gonzaga.
            A este artista escucharemos, a través del disco, en la versión de Saudade da boa terra, baión interpretado al frente de su conjunto.
            CONTROL: DISCO NO 4 Bis.
            En el año 1808, un viajero inglés, John P. Roberto son, visitó el Campo de Santa Ana, en las afueras de Río de Janeiro, y observó los bailes de los negros, secundados por sus sempiternos atabaques o tambores. La escena que describe podría muy bien haber sido captada en el Congo o en Angola, pues todas las características de la danza que pinta, se dan cita en los bailes de esas zonas del continente de ébano. Es que el viajero se refiere al batuque. Vale decir, se trata de una danza originaria de Angola y del Congo.
            El batuque ha llegado hasta nuestros días con los mismos detalles coreográficos descriptos por Robertson, a pesar de que no han faltado autores que lo han tildado de baile "moderno ". Data del siglo XVII y se bailaba en la famosa República de los Palmares, que los negros fun- daron en el Brasil en 1630 y se mantuvo hasta 1695. Es una típica danza de rueda y de competencia, perteneciente al ciclo tribal del baile africano. Para su realización se forma un ofreulo, dentro del cual danzan sucesivamente uno o varios solistas.
            CONTROL: DISCO NO 5.
            Situémonos ahora en los Estados Unidos, para referirnos a un ilustre cronista de la música negra: nada menos que Thomas Jefferson. Al tercer presidente de los Estados Unidos corresponde, entre otros honores, desde luego, el de que su libro titulado Notes on Virginia (Notas sobre Virginia), que vio la luz pública en el año 1784, sea, quizá, el primero, entre los publicados en América, que se refiere a la música de la gente de color, a cuya bibliografía hállase definitivamente incorporado. Porque esta obra consagra dilatados párrafos al quehacer artístico de los negros.
            Desde luego que no es casual el hecho de que el ilustre estadista norteamericano haya colocado el acento en la actividad musical del pueblo de Cam. Hay dos poderosos motivos para que así haya ocurrido.
            El primero de ellos es que Jefferson nació en el romántico estado de Virginia, una de las zonas en que la esclavitud alcanzó un grado de desarrollo inusitado. Y, precisamente por ello, donde el canto de los negros dio una de las notas más profundas y sobrecogedoras. Además, según sus biógrafos, no era un lego en el arte de la bella combinación de los sonidos. Ejecutaba el violín "de manera más que adecuada" y actuaba a menudo en dúo con otra figura esclarecida de la historia norteamericana: Patrick Henry, gobernador del estado natal de Jefferson y uno de los patriotas de la Revolución estadounidense. Por otra parte, estuvo en contacto directo y prolongado con el famoso Francis Hopkinson, considerado como el primer compositor norteamericano de importancia y uno de los firmantes de la Declaración de la Independencia.
            Con respecto a los miembros organográficos que los esclavos introdujeron en territorio norteamericano, anota el estadista ilustre: "El instrumento que les es propio es el banjar, que trajeron del África. Antecesor de la guitarra, sus cuerdas son, precisamente, las cuatro cuerdas graves de ese instrumento".
            Desde luego que Jefferson incurre aquí en un error de carácter organográfico, pues el banjar o banjo no es un antecesor de la guitarra, instrumento que, como se sabe, es de ascendencia árabe, en tanto que el cordófono a que se refiere procede del Senegal, donde ha sido varias veces registrado por viajeros y exploradores.
            CONTROL: DISCO No 6.
            Durante los siglos XVII y XVIII, la documentación relativa a la música negra norteamericana no es muy generosa. Sin embargo, existen sobradas pruebas de que el hombre de color continuó en los Estados Unidos su tradición musical, coreográfica y organográfica, a despecho de las adversas condiciones en que se desarrollaba su precaria existencia. Y al penetrar en el siglo XIX, la bibliografía del género comienza a crecer a saltos.
            En efecto, en el año 1817, el viajero alemán Félix Flugel visitó la ciudad de Nueva Orleans, y en su libro titulado Páginas de un diario de viaje al Mississippi hasta Nueva Orleans dejo estampada una de las descripciones más interesantes que se han registrado acerca de las fiestas de los negros que tenían lugar en la ex capital de Luisiana.
            El valor fundamental del relato de este viajero estriba en que señala la presencia de la auténtica religión africana del Congo en los Estados Unidos, con sus danzas, sus cantos y sus instrumentos musicales característicos; religión que constituye una rama diversa y paralela a la que representan los shouts y los negro spirituals. La rama litúrgica del Congo a que se refiere Flugel es la misma que hasta nuestros días pervive en Haití, uno de cuyos cantos oiremos a continuación."

            Ortíz Oderigo, Néstor
            [Una reina en Buenos Aires]
            AR ABIBUNTREF B.BC-ARI-2-8-000598 · Unidad documental simple
            Parte de Fondo Rodolfo Arizaga

            El recorte cuenta con cuatro notas escritas por Arizaga. La primera tiene el título La Reina de Buenos Aires y es sobre Magda Tagliaferro "la Petite brésilienne", una pianista francesa de origen brasilero quien se presentó en el Coliseo de Buenos Aires unos días antes de que Arizaga realice la nota, interpretando la Fantasía Húngara de Liszt. También, Magda inauguró un curso de cuatro clases magistrales.
            La segunda nota, tiene el nombre de "La espléndida agonía", y es el análisis del disco “El arte de Dinu Lipatti, Volumen III”. Fue grabado en Ginebra, donde el pianista rumano realizaría su último concierto, ya que estaba carcomido por la leucemia con tan solo 33 años. Durante nueve días, el pianista interpretó los 14 valses de Chopin, entre otras obras, a una razón de entre tres y siete horas por jornada.
            La tercer reseña aparece dentro de un recuadro de color rojo y está titulada: "Birgit Nilsson". Fue una soprano sueca y unos días antes de que Arizaga escribiera la nota, se presentó en el Colón con una orquesta. Además, estaría por sacar en breve una grabación del clásico Tristán e Isolda (obra de Wagner), dirigida por Karl Boehm.
            La cuarta y última, se llama: "Juegos florales" y trata sobre el disco “flower power”, de Scott Mckenzie. Hace referencia a los hippies con sus collares de flores y al movimiento Black Power. El disco apareció en Buenos Aires poco antes de que Arizaga escribiera la nota.
            El recorte es una separata de la revista Primera Plana del 3 de octubre de 1967. Está foliado por el propio autor con el número 44 en rojo.

            Arizaga, Rodolfo
            [Una noche en la tormenta]
            AR ABIBUNTREF B.BC-ARI-2-8-000621 · Unidad documental simple
            Parte de Fondo Rodolfo Arizaga

            El PDF contiene una nota de Arizaga titulada: “Una noche de tormenta”, y es un análisis del disco “Motetes”, por Heinrich Schütz (Telefunken AWT 9414 B). Heinrich Schütz fue un cantante al cual ubican como el más importante de los predecesores de Bach y gracias a quien comenzarían a manifestarse los rumbos del barroco. El título hace referencia a que Schütz fue descubierto por el landgrave Moritz de Hesse Cassel quien tuvo que hospedarse en la casa de la familia Schütz para resguardarse de una tormenta.
            El disco que reseña Arizaga está integrado por una serie de motetes litúrgicos extraídos de los Psalmen Davids, las Cantiones Sacrae, Las Beckerschen Psalter y la Geistliche Chormusik. Incluye, además a la soprano Irmgaard Jacobeit, la contralto Alice Oele, el tenor Bernard Michaelis y el bajo Jacques Villisech, finalmente, el conjunto coral fue preparado por Günther Arndt.
            El recorte es una separata de la revista Primera Plana del 22 de junio de 1965. Esta foliado por el propio autor con el número 67 en rojo.

            Arizaga, Rodolfo
            [Un viejo cisne que tarda en morir]
            AR ABIBUNTREF B.BC-ARI-2-8-000589 · Unidad documental simple
            Parte de Fondo Rodolfo Arizaga

            El documento consiste en una hoja correspondiente al artículo: "Un viejo cisne que tarda en morir", referido a la ópera de Wagner: "Lohengrin". Arizaga realiza una crítica de la reprise que se realizó en el Teatro Colón de la Plaza Lavalle (sucesor del original, emplazado en Plaza de Mayo). La mayor parte del texto es una crítica a la soprano española Victoria de los Ángeles y la escenografìa de la puesta. El recorte es una separata del ejemplar de la Revista Primera Plana, del día 13 octubre de 1964. Está foliado por el propio autor en rojo, con el número 34.

            Arizaga, Rodolfo