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Descripción archivística
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AR ABIBUNTREF C.BA-ARE-4-4-001577 · Unidad documental simple
Parte de Fondo Isabel Aretz

Se trata de un pequeño recorte de diario, que se hallaba pegado a la tapa de un libro de la Biblioteca personal de Isabel Aretz (Danzas y canciones argentinas : teorías e investigaciones : un ensayo sobre el tango : diez y nueve láminas y dibujos : veinticinco ejemplos musicales). El texto es breve y da cuenta del horario y del acto en la Facultad de Artes y Ciencias Musicales.

Aretz, Isabel
Aspectos de la música Afroamericana
AR ABIBUNTREF C.BP-ORT-1-2-000590 · Unidad documental compuesta
Parte de Fondo Néstor Ortíz Oderigo

El PDF corresponde al recorte de un artículo aparecido en el Diario El Mundo, del domingo 26 de octubre de 1958. El texto cuenta con fotografías de motivos folklóricos y ballets africanos. Se encuentra pegado a una foja blanca (amarillenta por el contacto con el papel ácido de la publicación).
Se transcribe el inicio del texto:
"Los factores de la mayor trascendencia se dan cita en el seno de los diversos cancioneros folklóricos creados por los negras en el Nuevo Mundo. El primero de ellos es el hecho de que en su cauce confluyen dos corrientes cultu rales distintas y, en general, opuestas: la africana y la europea, y, el segundo, el haberse visto poderosamene influidos por un acontecimiento rodeado de condiciones nada comunes, cual fue el traslado de los hiJos de Africa al continente americano y su sometimiento al régimen de la esclavitud, que los redujo a una situación infrahumana, susceptible de haber cercenado de raiz una tradición cultural largamente desarrollada, y que, por el contrario, ha sobrevivido por espacio de tres siglos, a despecho de los radicales cambios sociales y económicos a que han sido sometidos los esclavos y sus descendientes."

Ortíz Oderigo, Néstor
Capítulo XIII - Línea de color
AR ABIBUNTREF C.BP-ORT-1-1-000334 · Unidad documental compuesta
Parte de Fondo Néstor Ortíz Oderigo

El PDF corresponde al borrador de una lista mecanografiada, escrita por Néstor Ortíz Oderigo, donde aparece en en número 1: "para pasarlas a El afroargentino en el ámbito intelectual". Siguen otras notas numeradas, que no se leen del todo bien. La foja se aloja en la carpeta que contiene los originales el libro: "Esquema de la música afroargentina", publicado por EDUNTREF, con Norberto Pablo Cirio como editor.

Ortíz Oderigo, Néstor
AR ABIBUNTREF C.BP-ORT-1-2-000341 · Unidad documental simple
Parte de Fondo Néstor Ortíz Oderigo

El PDF corresponde a un recorte de diario titulado: “Cien años atrás en La Nación : martes 15 de febrero de 1870", publicado el domingo 15 de febrero de 1970. El texto se refiere a una miscelánea de temas, donde Néstor Ortíz Oderigo remarcó en rojo es el siguiente párrafo:
(..) La población de color es numerosa "Se ha huido un negrito llamado Eulojio, como de 8 años, vá en mangas de camisa y descalzo. El que lo entregue ó dé noticias en la calle de Charcas núm. 279, será gratificado." También se ha perdido (pero tal vez no fugado) "una chinita de 12 años de edad, lleva un vestido de zaraza morado con flores del mismo color, un pañuelo de merino negro con flores verdes y moradas, usado, vá descalza, pelo corto, de melena, responde al nombre de Maria. El que la entregue en la calle de Venezuela núm. 38, recibirá una gratificacion".
Este documento se encuentra en la carpeta que corresponde a los originales el libro: "Esquema de la música afroargentina", publicado por EDUNTREF, con Norberto Pablo Cirio como editor.

Ortíz Oderigo, Néstor
AR ABIBUNTREF B.BC-MEM-1-1-000063 · Unidad documental simple · 2002-01-07
Parte de Colección Memoria Histórica UNTREF

Fotocopia de un artículo del diario Clarín zonal, que da cuenta de la inauguración (posterdada desde el 20 de diciembre) del edificio de la Sede I de Caseros. A la misma, asistieron el presidente Eduardo Duhalde, el intendente Hugo Curto, la ministra de Educación y el vicerrector Martín Kaufmann. En el reverso de la foja, está la firma de Juana Iglesias, quien donara el documento.

Iglesias, Juana
AR ABIBUNTREF C.BP-ORT-1-2-000343 · Unidad documental compuesta
Parte de Fondo Néstor Ortíz Oderigo

El PDF corresponde al recorte de 2 hojas de la revista Caras y Caretas del 10 de Junio de 1911 (según se lee mecanografiado sobre el mismo). Se encuentra pegado sobre hojas canson número 5. El texto escrito por Agapito Candileja, cuenta con fotografías del músico Carlos Brindis de Salas, una carta, su instrumento (un violín Stradivarius) y se hace el relato de su deceso: “Se narra la historia "de este lírico bohemio" que "se parece a un cuento... Sin embargo, es cierto. El 1° de junio, murió en nuestra ciudad... Llego de Europa en el vapor "Satrustegui, ¿A que vino? Se ignora... Después de haber sido casi millonario; después de haber vivido la vida de un monarca; después de haber hecho temblar el corazón de las mujeres; después de haber paseado por el mundo su alma que era un violin (...) cayó al fin, destrozado. Viejo, pobre, sucio, negro, tísico y solo ¡Solo! ¡Solito! Ni siquiera tuvo en el momento de morir, el consuelo de abrazar el violín que lo hizo célebre..."
La noticia inicia con un diálogo (del que se brinda la transcripción de la primer parte):
“ ¡Hola! ¿Hablo con la Asistencia Pública? Sí, señor ¿Y yo? Con la fonda y posada "Ai re dei vini", del Paseo de Julio, 294. Sírvase mandar una ambulancia a recoger un enfermo grave. Es un negro atorrante que se está muriendo.
La ambulancia fué. Regresó trayendo al infeliz. Se le acostó en una cama para examinarle. Era un negro. Dos enfermeros comenzaron á quitarle el traje. Tenía el saco y los pantalones, sucios y descosidos. Los botines rotos. Las prendas interiores eran... Qué pena! ¡Qué asco! Daba pena y asco, en verdad, toda aquella miseria. La camisa, inmunda. Y debajo, en vez de camiseta, un corsé masculino, con ballenas. Un corsé parecido al que usan las mujeres ¡Pero, qué sucio! Quién será este hombre? Un atorrante, sin duda. Aquí, en este bolsillo, tiene algunos papeles. Hay un pasaje. El programa de un concierto en Ronda. Una tarjeta. Un pasaporte.... ¿Qué dicen? "Caballero de Brindis, barón de Salas". ¡Oh! ¡Es el célebre violinista Brindis de Salas!...
Al oírse nombrar el moribundo tuvo un segundo de lucidez. Abrió los ojos. Y dijo:
Sí, soy Brindis de Salas. Pero me muero..."

Ortíz Oderigo, Néstor
AR ABIBUNTREF C.BP-ORT-1-2-000589 · Unidad documental compuesta
Parte de Fondo Néstor Ortíz Oderigo

El PDF corresponde al recorte de un artículo aparecido en Diario El Mundo, el día 7 de junio de 1958, el que se encuentra pegado a una foja blanca (amarillenta por el contacto con el papel ácido de la publicación).
El texto del mismo se transcribe:
"No es necesario efectuar un rastreo demasiado minucioso para advertir la enorme similitud existente entre los aspectos rítmico, melódico, tímbrico y polifónico de la música negra creada en el África Occidental y sus derivados, las distintas especies de la música afroamericana. Evidente resulta que éstas no son sino ramas nacidas de ese tronco.
Desde luego que en la música negra existen principios o elementos universales, lo mismo que en cualquier otra expresión de la cultura humana, puesto que, al fin y al cabo, el hombre es hombre dondequiera que viva y sea cual fuere el color de su piel. Pero merced a la habilidad que demuestra el hombre de tez oscura en la colocación de las acentuaciones rítmicas y las notas de adorno y embellecimiento que brindan variedad y dinamismo a su música; a la curiosa forma en que reitera una misma figura melódica o idéntica frase, imprimiéndole siempre una creciente tensión y una nueva dinámica, y al variado y exquisito manejo de los más diversos e insólitos timbres, así como a los opulentos efectos de polirritmia, ha logrado generar un idioma musical acerca de cuya originalidad hoy resulta ocioso discutir.
En el ámbito de las actividades sociales y las formas de cultura del África Occidental zona de la que provenía la mayor parte de los esclavos introducidos en el Nuevo Mundo, en el que la música ejerce tan honda gravitación, los instrumentos musicales alcanzaron un elevado diapasón de desarrollo. Membranófonos, idiófonos, cordófonos y aerófonos de la más variada especie han visto la luz en las distintas zonas de esa parte del continente de ébano. A causa de la preeminencia alcanzada por el ritmo en la música africana y en sus derivados americanos, Jos tambores conquistaron allí un tesitura de desarrollo ignorado por otros pueblos, aun los de Oriente.
Llegado a América, el esclavo, echando mano de los elementos a su alcance huesos, cañas. troncos de árbol, trozos de hierro o latas creó una serie de instrumentos que no son sino adaptaciones de los miembros órgano gráficos utilizados en la mencionada zona africana. A estos instrumentos se agrega, además, el golpeteo de pies y manos para señalar los tiempos del compás.
Es así cómo su música adquiere una compleja estructura rítmica nada fácil de estudiar, aun disponiendo del registro fonográfico y la cinta magnetofónica. Porque, si bien uno de los ritmos de determinada página musical afroamericana puede acusar una configuración simple, cuando se superponen dos o tres y aún más, el resultado es una polirritmia sin duda compleja. Por eso, Daleroze pudo aseverar que, en la actualidad, gracias a los ritmos negros y orientales, las sucesiones ritmicas han re- cobrado su libertad, los compa- ses desiguales alternados han llegado a tornarse naturales y las acentuaciones caprichosas ya no asustan a nadie.
El arte tradicional africano encierra en sus arcas un generoso acopio de proverbios y leyendas, en los que la metáfora está siempre presente, pues entre los nativos, el empleo directo de los vocablos está considerado como falto de imaginación. En el cancionero negro, sea del África o de América, la metáfora también figura de manera prominente, y los cantos con doble intención constituyen uno de los filones más ricos de esa cantera musical.
En cuanto al empleo de los vocablos en las canciones afroamericanas, puntualicemos que se utilizan breves grupos de palabras reiteradas con insistencia. Por lo común, el primero y el tercer versos ofician de verse, en tanto que el segundo y el cuarto constituyen el refrán, que se repite generalmente de que los idiomas en que estos cantos se entonan son sui generis, pues sobre ellos gravitan, en medida más o menos considerable, según la zona de América en que se generen las canciones, los ricos dialectos africanos, Influjo que se observa no sólo en su sintaxis y en su ortografía, sino también en su entonación y aun en el timbre, como sucede en las canciones registradas en la Guayana Holandesa, en las grabadas por nosotros en algunas partes del Brasil y en las captadas en Curaçao.
A este respecto, sumamente provechoso resulta comparar, por ejemplo, canciones genuinamente negras registradas en discos captados con fines etnográficos en estados sureños norteamericanos, como Georgia, Mississippi o Carolina del Sur, con grabaciones obtenidas en Nigeria o la Costa de Oro. El timbre, el fraseo, el tempo y la cadencia de las voces acusan un grado de similitud que no deja de sorprender al investigador.
En los países de habla inglesa, al enfrentarse con la necesidad de aprender el idioma, el esclavo introdujo en la lengua de Shakespeare una serie de variantes en la pronunciación. Suavizó o eliminó por completo todas las consonantes que le resultaban "duras", como la g. la d, la t y la r. imprimiendo al inglés un acento pintoresco, que brinda a sus cantos un exquisito sabor. En este sentido, recordemos las palabras del compositor y folklorista David Guion, quien afirmó que la mitad de la belleza de la típica música negra se halla en la exquisita pronunciación de las palabras, y, más aún, en la encantadora "mala pronunciación".
El cancionero afroamericano aloja en su seno una serie de especies de diverso carácter, utilizadas con distintos fines. aunque también es común que se empleen de manera intercambiable. En efecto, a menudo un canto de trabajo oficia de canción fúnebre y un himno litúrgico adopta un carácter bailable.
Por otra parte, la doble intención de las poesías sirvió para que las canciones fueran empleadas como medio de entendimiento entre los esclavos de distintas plantaciones, durante la época de la esclavitud, cuando les estaba vedado ponerse en comunicación. Es así como, con frecuencia, canciones religiosas se utilizaban para lanzar sátiras al capataz que dirigía, látigo en mano, las faenas en los plantíos. Esta índole satírica del cancionero de la gente de color del Nuevo Mundo constituye un africanismo, pues en el continente negro los cantos irónicos aparecen con frecuencia y su influjo se ha hecho sentir en todos sus derivados afroamericanos, desde los blues hasta el calypso de Trinidad y las canciones de trabajo del Brasil y la Guaya- na Holandesa, así como las plenas de Puerto Rico.
De ahí que, si no se está muy compenetrado de sus maneras de expresión, de su idioma sui generis y de su historia social, no siempre resulte claro el sentido que los negros imprimen a sus canciones. Porque, tras una apariencia intrascendente o ingenua, suele albergarse una intención aviesa. Frederick Douglass, famoso orador, líder de los negros norteamericanos, colaborador de Lincoln durante la guerra civil estadounidense, candidato a la presidencia de la Unión y uno de los hombres de color más ilustres de Estados Unidos, cuenta en su autobiografía que huyó del cautiverio -habia nacido esclavo- utilizando, para tramar su fuga, la conocida canción litúrgica titulada Sweet Canaan (Dulce Canaán). Porque la auténtica expresión de los cantos afroamericanos muchas veces se oculta tras la caparazón de sutiles imágenes y simbolismos. En conclusión, podemos aseverar que, si bien ciertas ramas de la música africana acusan características que las diferencian de la afroamericana, a causa de su adaptación a rituales o ceremonias que en América desaparecieron en el proceso de transculturación, en cambio, existen suficientes rasgos similares entre una y otra como para poder afirmar, sin el más leve temor de incurrir en falsas apreciaciones, que el idioma musical africano sobrevive con singular fuerza en la música del Nuevo Mundo, particularmente en las especies litúrgicas. Y más aún, hasta las propias melodías africanas fueron trasplantadas por los esclavos y legadas a sus descendientes por tradición oral.

Por NESTOR R. ORTIZ ODERIGO"

Ortíz Oderigo, Néstor
AR ABIBUNTREF C.BP-ORT-1-2-000586 · Unidad documental compuesta
Parte de Fondo Néstor Ortíz Oderigo

El PDF corresponde al recorte de un artículo en francés, donde se hace referencia a Néstor Ortíz Oderigo: "El excelente musicólogo argentino Néstor Ortiz Oderigo, especializado en el estudio de la música negra en América, escribió en su libro La música afro-norteamericana: "Afirmar que los espirituals negros fueron concebidos en el lenguaje puramente africano de los candomblés de Bahía, el vudú de Haití, la santería afrocubana o el shangó de Trinidad, donde las lenguas africanas se conservan con una pureza inusual, sería un error garrafal. En el desarrollo del Norte africano En los cantos litúrgicos americanos intervinieron diversos factores sociales que destruyeron su pureza africana. En primer lugar, el hecho de que los esclavistas de los Estados Unidos deseaban mezclar los diversos pueblos y "naciones" de África, de modo que sus miembros no pudieran comunicarse entre sí y evitar así la posibilidad de rebelión y que la religión protestante no ofreciera la posibilidad de un sincretismo que se estableció en otros países de nuestro continente entre los santos católicos y los orishas o dioses de África Occidental."

Ortíz Oderigo, Néstor
On the instrumental origins of jazz
AR ABIBUNTREF C.BP-ORT-1-2-000730 · Unidad documental compuesta
Parte de Fondo Néstor Ortíz Oderigo

El PDF corresponde al recorte de un artículo de Russell Roth, que va desde la página 305 a 316 de American Quarterly, del 24 de enero de 1952. La revista publica ensayos que examinan las sociedades y culturas estadounidenses, pasadas y presentes, en contextos globales y locales.

Ortíz Oderigo, Néstor
AR ABIBUNTREF C.BA-ARE-4-4-001578 · Unidad documental simple
Parte de Fondo Isabel Aretz

Se trata de un recorte del Diario La Nación de Buenos Aires, del día domingo 11 de julio de 1971 que se hallaba dentro de un libro de la Biblioteca personal de Isabel Aretz. Se trata de la reseña del libro del mismo nombre. Comparte columna con otro texto que hace la crítica de un libro diferente.

Aretz, Isabel